Solitaria Invernal. Canal del Pájaro Negro.

Por 4 Enero, 2017Sin categoría

Capítulo 1º 

Ganas de aventura.

Todo empezó la tarde del día de Nochebuena.

A mediodía viajo de Cabrales a Oviedo para celebrar la navidad y ver a los amigos. Paso a tomar una copa de champán con mis amigos de la tienda de montaña y esquí D-Ruta en Oviedo. Además del champan comemos unos canapés y un poco de turrón. Hablamos un poco de montaña y comento en confianza que tengo intención de hacer alguna actividad en solitario aunque en esos momentos aún no tengo claro dónde ni cuál. Por la tarde voy a visitar a mi tío el alpinista Tito Claudio.

Cómo es normal hablamos de montaña. Hablamos de los más de 40 años de carrera deportiva Alpina que Tito acumula a sus espaldas, de las actividades vanguardistas que tuvo la capacidad de soñar y realizar en la década de los 70, 80 y 90. Por ejemplo la primera repetición de sueños de invierno, primera ascensión española y 12 mundial al Cerro Torre en Patagonia, la apertura de la tremenda vía de artificial Principado de Asturias al Picu y un largo etcétera de proezas por las cuales el grupo de alta montaña español este febrero le hará miembro de honor por su aportación al alpinismo español.

Tito Claudio es mi tío y mi maestro además de mi amigo, así y todo al hablar con el de montaña no puedo evitar sentirme como Julio César ante la estatua de Alejandro.

 

Al igual que otros grandes alpinistas del cantábrico me confiesa que la escalada que marcó su vida fue en casa, en Picos de Europa y fue la repetición invernal de la Canal del Pájaro negro en Peña Santa. Recuerda que asistió  a un pase de diapositivas de Pedro Udaondo en Oviedo a propósito de la primera invernal y quedó tan impresionado que inmediatamente intentaría la segunda repetición invernal, la cual consiguió en febrero de 1975 con 3 compañeros más. Hicieron un vivac en la subida y otro en la bajada. Tenía 20 años.

De la reunión con mi tío me llevo un montón de ideas y de ilusiones. Pero sobre todo su relato apasionado sobre la escalada a la canal del pájaro negro en Peña Santa dejará en mí un gusanillo difícil de controlar durante toda la Nochebuena.

Pasan los días de holganza y celebración y se va creando en mí la necesidad de darle forma a un proyecto serio. Lo primero que hago es mirar la previsión meteorológica para Picos de Europa y compruebo que es absolutamente perfecta. Dan al menos cuatro o cinco días seguidos de cielo totalmente despejado, heladas nocturnas y temperaturas suaves durante el día.

El lunes después del día de Navidad estoy dando un curso de escalada en Quirós y a medida que pasan las horas una idea va formándose en mi cabeza.

Quiero compromiso, quiero aventura, quiero una pared grande, y quiero soledad y esa combinación solo me la va a poder dar Peña santa.

Acabo en Quirós y mientras conduzco hasta mi casa en Cabrales tomo la decisión. Voy a ir a la Canal del Pájaro Negro solo.

El martes amanezco temprano  en mi casa de Arenas de Cabrales para preparar todo el equipo. Plantear una escalada en solitario a una montaña como Peña Santa conlleva una logística considerable. Una sola pieza que falle puede dar al traste toda la actividad.

Además del material de escalada, botas, crampones, piolets, cuerdas… hay que prever material de vivac, ropa para cambiarse, comida, botiquín, cremas, gafas y sobre todo agua, no olvidemos que es invierno y la fuente está tapada por 2 metros de nieve. Meto un montón de cosas en el maletero del coche sabiendo que si quiero llevar la actividad a buen puerto más de la mitad deberá quedarse en el maletero otra vez.

Conduzco hasta Soto de Sajambre previa parada en Cangas de Onís a Comprar. Grata sorpresa al encontrarme con Laura Coviella, una amiga a la hacía que no veía desde que trabajé en los Lagos de Covadonga un verano el puesto de socorro de cruz roja hace casi ya una década.

Al llegar a Soto veo Peña Santa y me sube la bilirrubina. Es enorme y está lejísimos.

Subo por la pista de Vegabaño hasta el paso canadiense. No hay nadie en el aparcamiento así que tampoco habrá nadie en alta montaña.

Toca hacer la mochila y empiezan los dilemas.

-¿Qué dejaré, que llevaré?

-¿Subo el hornillo para hacer comida caliente y estar más a gusto o lo sacrifico para ahorrar peso y espacio?

Para no tomar decisiones drásticas nada más llegar voy metiendo en la mochila las cosas imprescindibles y dejando esta decisión para el final.

A medida que lo imprescindibles está ya guardado y no tengo prácticamente sitio para nada más veo como expiran las posibilidades de tomar una cena caliente. Se quedaran abajo hornillo, sopitas y Yatekomos.

He guardado en la mochila el saco de pluma, una camiseta térmica y un forro polar, dos pares de guantes, un primaloft, una malla y unas medias de invierno. También un juego de Friends, otro de empotradores, 12 cintas Express, una maza y 6 clavos, pies de gato y bolsa de magnesio, un montón de cintas de todos los tamaños y cordinos, dos maillones, un cordino auxiliar de 60 metros y 5 milímetros, arnés y un estribo y llevo colgando por fuera el casco y la cuerda principal de 60 metros y 9 milímetros. Ahora deberé poner dos piolets, las botas, los crampones y la comida.

De comida llevo 3 tabletas de chocolate, cinco manzanas reinetas, 3 paquetitos de pavo cocido y un paquete de pan integral de molde. De agua dos botellas de plástico de 75 centilitros. Deberá ser suficiente.

Con gran pesar de mi corazón meto en la bolsa de lo prescindible el hornillo y las viandas de cocinar. Es una decisión dura pero basada en una buena planificación y un conocimiento muy amplio sobre mis capacidades físicas y mis necesidades. También se quedan el gore-tex, un forro polar y el  plumífero.

A las 14:50 del martes 27 salgo del aparcamiento de la pista de Vegabaño con un buen mochilón en dirección al refugio vivac de Vegahuerta. Me cruzo con algunas personas que están dando un paseo y noto como se me quedan mirando.

Camino en dirección al roblón de cuesta fría avanzando a buen paso, me encuentro fuerte y animoso. Entiendo  por qué llaman a esto cuesta fría. Hay una helada increíble, seguramente de días y días. Hay que tener cuidado donde se pisa para no resbalarse en las placas de hielo. Tan helado está que me obliga a ir concentrado. Voy maldiciendo entre dientes;

-Si me resbalo aquí y me rompo una pierna me muero de vergüenza, digo que me atacó un oso algo…- me da la risa de pensarlo.

Descansando a orillas del río Dobra

En el puente sobre el río Dobra paro a hacer unas fotos. Bebo todo lo que puedo de una de las botellas sabiendo que al final del bosque hay un manantial dónde rellenar agua. Al dejar el hornillo ya no podré fundir nieve así que el bosque será el último sitio donde pueda abastecerme del oro líquido.

En el tramo que lleva al collado del Frade paso calor, mucho calor. Sudo bastante a pesar de que he reducido la intensidad de la marcha para evitar beber mucho.

Antes de llegar al collado del Frade tengo que ponerme las botas. Hay un nevero que da al norte y está totalmente cristalizado. Doy tres pasos con las botas y me entra el pánico, creo que voy a resbalar y a darme una leche de primera. Retrocedo y malhumorado me quito la mochila para ponerme los Crampones. No creo que llegue a 200 metros de nevero pero si no hago las cosas bien podría tener un accidente antes de llegar siquiera a ver el objetivo.

Paso el escoyo y vuelvo a quitarme la mochila para colocar los crampones dentro otra vez y continuar. Estas tonterías te van quemando y hay que hacer un esfuerzo por serenarse y aceptarlo para no caer en el mal humor.

Hace un día maravilloso y estoy totalmente solo. Me recreo en la contemplación del paisaje a medida que gano altura.

Subo toda la canal del perro pisando una nieve transformada muy agradable que me permite avanzar sin crampones. Aquí ya vuelve a hacer frío, la altura no perdona.

Las últimas luces del día colorean la nieve de un color naranja intenso mientras camino sobre ella.

Sorprendo a una gran manada de rebecos que están jugando en el último jou antes del collado del burro y al verme echan a correr. Suben un por un terraplén tirando algunas piedras de tamaño considerable.

Al llegar al collado del burro el frio se intensifica. Tengo que parar obligatoriamente a abrigarme y aprovecho el momento para sacar la frontal por si me hace falta más adelante para llegar al refugio vivac.

Me maravilló al contemplar la gran pared sur de Peña Santa, también me maravillo al ver toda la vertiente oeste del Macizo Central de Picos de Europa. Reconozco casi todas las cimas. Me llama especialmente la atención el Llambrión, toda la vertiente norte está sólidamente tapizada por un muro de hielo.

El camino que lleva el refugio vivac está completamente cubierto por la nieve pero hay una ligera marca de crampón que me parece indica la buena dirección y no vacilo en seguirla. Tampoco vacilo en ponerme los crampones ya que está cayendo la temperatura en picado.

Llego al refugio vivac de noche y como preveía estoy completamente solo. Como también preveía hay velas y como buen previsor he traído un mechero. Las velas dan una luz más moral que real pero acompaña y hace hogar mientras me pongo la ropa seca.

a la luz de la vela en el refugio vivac de vegahuerta

Hace más frio dentro del refugio que fuera. Inmediatamente me meto en el saco con el gorro y los guantes puestos. Ceno un par de rebanadas de pan, media tableta de chocolate y una manzana. La verdad es que con el cansancio de la subida no tengo hambre. Echo un par de tragos de agua. Queda medio vacía la primera de las botellas de 75 centilitros.

El saco de dormir me atrapa como una telaraña atrapa a una mosca. Paso cerca de 10 horas literalmente sin asomar la cabeza ahuyentando a los fantasmas que siembran la noche de dudas, incertidumbres y miedos. Duermo a ratos. Me despierto con picores en los brazos, me temo que no estoy solo, en el vivac también debe haber alguna que otra pulga. Me vuelvo a dormir de puro cansancio. En un momento dado despierto sintiendo bastante frío, el amanecer debe estar cerca. Efectivamente miro el reloj y son las 7:00 a.m.

 

Hace un frío que pela y no soy capaz a salir del saco hasta 30 minutos después. Aún por efecto de la oscuridad algunos de los fantasmas que me rondaron siguen empeñados en acabar con mi determinación.

Pasada la media hora doy un salto y salgo del saco, me pongo las botas sin atar y me precipito a abrir la puerta del refugio vivac. Abro la puerta y…

-Ya hay luz-  Digo en voz alta emocionado.

Los fantasmas se desvanecen, la determinación reaparece, la serenidad vuelve a mí como vuelve el calor al cuerpo tras un caldo caliente. El amanecer es mi bálsamo.

Acto seguido recojo el saco y lo meto en la mochila. Después y aprovechando que tengo aun las manos calientes ato el dispositivo de escalada en solitario al arnés con el nudo de ocho más corto y apretado que puedo hacer. Tengo que quitarme la ropa seca y ponerme la de ayer y no vacilo, en un momento me desnudo y me cambio.

Sé que esta ropa seca será mi salvación en el siguiente vivac, será la diferencia entre una mala noche y una noche horrible.

Aun dentro del refugio vivac me pongo los crampones y todo el material en disposición para escalar. También llevo un piolet en la mano. Son 8:15 a.m cuando cierro la puerta del refugio vivac y me encamino al objetivo. Hace frio y los crampones muerden perfectamente en una nieve asentada por el sol del día y apretada en las heladas de la noche. En unos minutos empezará la escalada.

Capítulo 2º

LA ESCALADA

De camino a la pared

Camino unos 50’ hasta el inicio de la canal y hace bastante frio. Justo cuando estoy dando los primeros pasos en mixto en la entrada de la canal sale el sol.

Todo va bien hasta el bloque empotrado. Para llegar al bloque escalo una rampa de unos 65º hasta la cueva que forma para después salir de ella escalando en roca por la izquierda pero soy incapaz por culpa de la mochila y la dificultad. Tres veces lo intento y tres veces me veo incapaz. El maldito paso es difícil. Tengo que subir el pie izquierdo muy alto a una repisa redondeada y hacer una especie de dulfer con los crampones puestos. Y esto o nada, porque debajo de la repisa extraploma y está liso. Me veo obligado a dejar la mochila allí y atármela con el cordino guía a cuatro metros. Agobiado consigo dar el paso, voy sin asegurar con la cuerda en bandolera. Desde una posición precaria subo la mochila a pulso con una mano ya que otra está cogida al piolet que tengo clavado en la nieve para sujetarme. Como puedo me la coloco en la espalda. Todo esto al solo integral claro. Por momentos pensé que se iba a acabar aquí el intento a la Canal del Pájaro Negro.

Sigo escalando por nieve muy compacta. Se me cargan los gemelos por el peso de la mochila pero disfruto como un niño de las buenas condiciones. En la pared de la izquierda veo un pitón pero lo obvio. Mi intención es subir lo más posible sin asegurar. La canal acaba en una sima, si siguiera escalando me caería en ella.

Tallo una buena repisa con el piolet para poder quitarme los crampones. Aquí se acaba por el momento la escalada glaciar y empieza la roca.

1º reunión en roca tras la canal de nieve

No hay grietas en la pared hasta una altura de diez metros por encima de la nieve lo que significa que me toca escalar en solo integral con las botas y el mochilón hasta llegar a ellas. Afortunadamente para mí no es demasiado difícil.

Monto una reunión de dos Friends pequeños pero muy bien emplazados. De ella cuelgo mochila y persona. Como puedo me quito botas y me pongo los pies de gato. He apretado demasiado las botas por el empeine y tengo los dedos insensibles de frio. La vuelta al calor de manos y pies es de los dolores más horribles que he experimentado, muerdo el labio de dolor hasta que calientan del todo. Con sumo cuidado despliego la cuerda, no quiero ni pensar en quedarme sin ella por una torpeza.

Al fin empiezo a escalar. Me noto ligero al quitarme la mochila y la escalada fluye armoniosa. La escalada en solitario no tiene secretos para mí, llevo una década practicándola en las paredes de mi escuela de escalada de cabecera, mi Quirós del alma.

Encuentro algunas clavijas viejas que más que seguridad lo que me dan es la certeza de estar en el buen camino pues no conozco la vía, voy a vista.

Llego a la cueva de la que Tito me contó que pasó una noche en una tienda de pared durante su primer intento con Pablo Lavilla ( por aquel entonces de 17 años) en el que tuvieron que bajarse por el mal tiempo.

1º largo de roca, tramo delicado después de la cueva

En la cueva hay un buril que no utilizo porque me saca mucho de la línea. Ahora viene una travesía que generalmente está delicada por el hielo. Caen gotas que dejan la pared con una fina película deslizante. Con la maza y un poco de contundencia quito un par de borbotones de hielo que me tapaban dos buenos cantos. A partir de aquí la pared está seca y ya no vuelvo a tener problemas. Por fin salgo al sol y noto como el cuerpo adquiere elasticidad con el aumento de temperatura.

Monto reunión en dos buenos clavos y con la cuerda que me sobra sigo escalando hasta donde llegue. Afortunadamente la cuerda me llega hasta al primer largo vertical, que en la apertura han bautizado como “El Pilar”. Es el del tramo de artificial

-¡y además hay un parabol con anilla!

Ato la cuerda a la anilla y sin más me dispongo a rapelar. Así es el solitario, hay que hacer los largos dos veces. Rapelo y llego a la mochila, me la pongo a la espalda y empiezo a subir. Me noto lastrado bajo el peso de la mochila, las asas me guillotinan los trapecios.

Ahora toca roca caliente. Disfruto como un enano en el tramo de artificial, me encanta escalar en estribos. La verdad es que el tramo se me hace corto. Después el largo continua con una escalada libre muy elegante sobre una roca maravillosa.

Llego a la reunión y me sobra más de la mitad de cuerda así que continuo hasta donde llegue y llego justo debajo del largo al que llaman “la losa”. Otra vez a montar reunión, otra vez a rapelar, y otra vez a escalar con la maldita mochila. El tramo de artificial con la mochila lo remonto por la cuerda y ya cuando el grado afloja subo medio en libre medio trampeando. El caso es dosificar fuerzas.

recuperando el largo de “el pilar”

Disfruto inmensamente el largo del pilar, es precioso, posee una roca buenísima y algún pasito le da caché. No tengo ninguna dificultad para encontrar la línea, simplemente sigo el canto y voy encontrando clavijas. Llego a la reunión del rapel de la canal y no me gusta mucho lo que veo. Estaría de sobra si subiera un compañero ahora escalando tranquilamente pero en lugar de eso tengo que rapelar, subir con un mochilón y rapelar con el mochilón hacia el otro lado, a la canal.

Encima de la reunión veo otra grieta estrecha en la que con la maza y destreza pongo un empotrador para colgar un camión. Lo empato con la reunión y ahora si ya siento la seguridad necesaria para hacer todas las maniobras. Rapelo a la canal con el piolet preparado para tallar una buena repisa. Ahora tengo que ponerme las botas otra vez, los guantes, los piolets… pero no me pongo los crampones, valoro que la nieve está lo suficientemente dócil como para progresar sin ellos a pesar de la inclinación y gracias a Dios no me equivoco. También aprovecho para beber, hace al menos dos horas que no bebo nada. Voy racionando el consumo de agua al mínimo, pero así y todo me queda poco más de media botella. Me preocupa no tener agua para bajar mañana pero a medida que avanzo por la canal escucho correr agua y veo a mi derecha unos diez metros más arriba una especie de oquedad en la nieve que en esos momentos está recibiendo una fuerte insolación.

-¿quizá podré coger agua del pequeño deshielo allí?

Comprobarlo me hace escalar por una zona poco segura con la nieve en malas condiciones y con algún amenazador nevero inestable encima pero si con el esfuerzo puedo cargar aunque sea una poco de agua habrá merecido la pena.

Hilo de agua salvador

Voy ascendiendo con cuidado de no resbalarme y a medida que subo el sonido del agua se hace más nítido. No me lo puedo creer, al alcance de mi mano veo un hilo de agua fluyendo directamente del techo de la oquedad de nieve. Me acomodo y saco la botella que previamente en un alarde de optimismo había preparado. Me estiro y mantengo una postura forzada por largo rato mientras ensimismado veo como el oro líquido va cayendo al interior de mi botella. No sé cuánto tiempo habré estado es esa postura siniestra, seguro que no menos de diez minutos. He conseguido llenar media botella de agua que es un poquito más del contenido de un bote de cerveza. Con esto más la otra botella con un poco menos de la mitad tendré agua suficiente para bajarme de aquí. De la que estoy cerrando la botella escucho silbar cerca un par de piedras seguramente procedentes de los neveros que tengo por encima. No veo donde caen pero no me quedo a comprobarlo. Salgo del lugar a toda velocidad.

La canal se acaba en unos muros verticales y lisos por donde seguro no va la vía. A la izquierda de ellos veo unos sistemas de fisuras. A simple vista no se ven fáciles. Entonces dudo un poco. En estos momentos recuerdo las palabras que tantas veces he escuchado a mi tío Claudio.

-¡Sobrino, cuando dudes escala por lo más lógico, sigue el canto, por donde está liso no han pasado!

Y eso hago, de las tres posibilidades que veo escalo por el diedro más evidente. Me  mosquea un poco porque no veo material, aunque pienso;

-en verano seguro que se asegurara desde la canal y aquí se protege bien, no hay necesidad para que haya clavijas.

En plena chimenea

De esa manera con esos pensamientos me tranquilizo a mí mismo. Unos metros más arriba en una zona aterrazada encuentro un buen puente de roca. Lo enhebro con un cordino de kevlar de 120 cm. Será más que suficiente punto de reunión. Otra vez la maldita maniobra de quitarme las botas y ponerme los pies de gato. Dejo la mochila bien atada y el extremo de mi cuerda y me lanzo a escalar por donde me parece más evidente. Llego a una especie de oquedad que desploma un poquito pero es generosa en agarres, no tanto en la solidez de los mismos. A la izquierda hay un pico marrón enorme de unos 40 centímetros, sin dudar le paso un aro de cinta para asegurarme. Salgo del escoyo y a los 6 u 8 metros encuentro una reunión de dos buenos pitones. En mi boca se dibuja una sonrisa de satisfacción, estoy en el buen camino. Ahora ya veo claro el itinerario. Encima tengo el temido largo en chimenea de V+. No quiero obsesionarme con él y no le presto demasiada atención en un primer momento. No voy a hacer reunión aquí, me sobra más de la mitad de la cuerda y voy a aprovecharla todo lo posible para ganarle metros a la pared. Tranquilamente sigo mi rutinario protocolo. Recupero a la repisa el sobrante de cuerda, le doy la vuelta para que salga limpia, ordeno el material en el arnés… y ahora sí, estudio el largo que asumo afrontar de manera inminente.

De la chimenea he escuchado y leído todo tipo de relatos blasfemantes y despectivos. Bien es verdad que para que una chimenea sea V+ algo tiene que tener. Tranquilo, doy los primeros pasos buscando los mejores sitios para poner los pies y me sorprendo sintiéndome muy cómodo en este tipo de escalada. La chimenea verdaderamente no es fácil pero yo tengo unas sensaciones inmejorables. El cuerpo bien entrenado responde perfectamente a la exigencia de los movimientos, siento una enorme lucidez escalando. Llego a la mitad de la chimenea y recuerdo una conversación que escuche a Miguel Ángel Adrados. Recuerdo que contaba que en mitad de la chimenea del Pájaro Negro había logrado meter un clavo. Haciendo oposición en la pared de enfrente noto con la punta de los dedos que hay una especie de fisura aunque no la veo con claridad. No puedo asomar la cabeza porque me cambiaría la postura en la chimenea a riesgo de caerme. Con la punta de los dedos sondeo la grieta. Es estrecha pero creo haber encontrado un punto débil. Saco del mosquetón una clavija universal, la ato al cabo de anclaje para evitar que se caiga y la aproximo al punto débil de la grieta.

-¡se sostiene!

Tiro del cordino de maza y la cojo al vuelo. Me concentro para dar un golpe certero que asiente la clavija en la grieta.

Con 16 años empecé a trabajar de aprendiz en el taller de ebanistería del maestro Abelino y durante unos años trabé una muy estrecha relación con el martillo.

Suelto un mazazo tremendo, seco, preciso. La clavija penetra en la grieta entonando su inconfundible melodía. Saco el mosquetón que la aseguraba y me recreo un rato dando martillazos. El sonido del metal al introducirse en la grieta genera un mí en placer irracional, animal. Con esta clavija queda solventado el problema de la seguridad en la chimenea y escalo lo que me queda de largo a todo velocidad.

el largo de “la chimenea” y la clavija

Pronto llego a la reunión. Es mala, hay un par de clavos viejos. Rebusco en el arnés para reforzarla y poder rapelar hasta la mochila e izarla después. No puedo escalar la angosta chimenea con la mochila puesta.

subiendo la mochila por “la chimenea”

Ato fuertemente la mochila al extremo de la cuerda y de una clavija hago un polipasto con polifreno (gracias por la paciencia Errekalde, él lo entenderá). Con un poco de ayuda consigo que no se atasque y sube mejor de lo que pensaba.

Ahora estoy en la reunión justo debajo del largo más difícil “el diedro fisura”. Las guías lo catalogan de VIº. Tiene buena pinta, no me asusta. Empieza por un diedro ligeramente extraplomado pero hay tres buenos pitones protegiendo los pasos. Después hay un techito donde me imagino que será el paso más fuerte. Después de ahí veo una chimenea larga.

Preparo la reunión y salgo decidido a salvar el último largo difícil. Después solo un largo de IV+ me separa de la deseada canal de salida.

El sol ha girado ya preocupantemente hacia el oeste dejando esta parte de la pared en sombra. Noto frio en los pies y en las manos. La reciente penumbra crea en mí una sensación de congoja, todo está sombreado y oscuro. Mi coraje disminuye. Entonces me doy cuenta de que sigo con las gafas puestas y por culpa de lo azulado de mis pupilas uso gafas de protección 4 oscuras, protección total. Al quitármelas reaparece la luz y se disipa la congoja. Es increíble lo que puede llegar a afectar la falta de luz al estado de ánimo de una persona, al menos al mío.  Ahora si empiezo a escalar, pronto llego a la primera clavija y me aseguro a ella. Sin ser excesiva es una escalada libre fina. Van apareciendo buenos sitios para poner los pies aunque de manos no hay mucho, por eso pienso que está catalogado como VIº.

Mosquetoneo el ultimo pitón y me quedo un rato parado estudiando el movimiento. Aquí si hay un paso. Entiendo que tengo que subir los pies muy altos en el diedro para llegar a las buenas presas que veo a un metro por encima de mí. No acabo de estar cómodo, las presas que tengo para las manos no me ofrecen la confianza que necesito. Entonces lo veo. Estirando un poco la mano izquierda llego a una buena regleta que me da el equilibrio perfecto para bascular el peso del cuerpo sobre la palma de la mano derecha y así subir los pies muy arriba. Tras este movimiento técnico viene otro atlético. El momento es de máxima concentración y los movimientos se desarrollan con la máxima precisión. Estoy totalmente solo en esta montaña, no puede pásame nada. En la regleta de mano izquierda que me dio el equilibrio ahora con la pierna muy doblada pongo la puntera del pie de gato. Con las dos manos tracciono sobre una presa en técnica babaresa-dulfer a la vez que estiro la pierna que pisa la regleta. Emito un gruñido por la exigencia física del momento, estiro la mano derecha y agarro una presa aceptable, con el golpe de cadera consigo pisar la regleta con los dos pies y como puedo me empotro entre la pared y la babaresa.

-¡ya está, ya está!

El resto del largo es una chimenea incomoda pero asequible que escalo sin problemas. Al llegar a la reunión me emociono un poco, sé que la cresta de los Basares está cerca, no más de una centena de metros, se puede adivinar en las paredes de los lados el final de la pared.

Solo espero que no haya demasiada nieve en la canal de salida.

Refuerzo la reunión con un buen pitón y me lanzo en rapel a por la mochila y a desmontar el largo.

El rapel me impresiona, una fuerte sensación de vacío se apodera de mí por un momento, las últimas luces del día se cuelan entre los huecos de la pared confiriendo a ésta un ambiente expandido y bello.

descenso impresionante en rapel hasta la reunión y la mochila

A duras penas escalo de nuevo el largo con la mochila. Al llegar a la reunión recojo el sobrante de cuerda todo lo rápido que puedo.

-¡quiero salir, quiero salir de esta pared ya!

el último largo

No quiero ni mirar el reloj. Caer en un estado de impaciencia sería fatal. Si hay un momento en el que se puede cometer un error sin duda es este. A última hora. Cuando el cuerpo y la mente hace tiempo que han rebasado ya la zona de rendimiento óptimo y la fatiga  va poco a poco haciéndose dueña de la situación. Un error aquí tendría necesariamente unas muy malas consecuencias. No solamente hablo del hecho último de tener un accidente, solo perder la botella de agua sería un problema grave imposible de solucionar

Escalo con mucha delicadeza el último largo. Sé que ahora debería salir a una plataforma inclinada y por lo empapada que está la zona por la que escalo sé que está llena de nieve. Afortunadamente es asequible y a pesar del agua escalo muy cómodo. Como me temía la plataforma esta atestada de nieve pero ni corto ni perezoso me abalanzo sobre ella con los pies de gato puestos y las manos desnudas. Veo una clavija unos cinco metros a la derecha, seguro que es la reunión pero me da miedo resbalarme al ir allí así que aprovechando unos huecos que tengo delante y una pequeña zona sin nieve para montar una reunión de fortuna con cuatro Friends. Soy todo manos. Lo triangulo todo y me lanzo en rapel.

Reunión de fortuna de los 4 friends

Escalo con la mochila lo más rápido que puedo. Desde aquí y según tengo montada la reunión, con los pies de gato y con la mochila puesta camino en travesía a la izquierda por la innivada plataforma en busca de las canales de salida. A unos quince metros encuentro una buena clavija y en ella anudo la cuerda y cuelgo la mochila. Vuelvo sobre mis pasos para desmontar la reunión de los cuatro Friends. Al llegar a la clavija sigo para arriba por terreno sencillo hasta que por fin veo la canal de salida.

-Tiene poca nieve, estoy salvado.

Meto dos buenos friends y destrepo asegurado hasta la clavija y la mochila para subir acto seguido hasta el último punto alcanzado. Allí, medio en equilibrio en una pequeña repisa y con la espalda apoyada contra la pared me dejo llevar hechizado por las últimas luces de la tarde. Veo, imponente, los 600 metros de la pared sur de Peña Santa bajo mis pies y veo también, imponente, frente a mí, toda la vertiente oeste del macizo central de Los Picos de Europa. Recorro con la mirada los inmensos abismos de más de 2000 metros de desnivel que se abren desde las más altas cumbres hasta las bravas aguas del rio Cares. Veo los frondosos bosques que pueblan la cordillera cantábrica y veo la alta montaña absolutamente congelada. En esos momentos una espontánea corriente de felicidad nace en mi esternón llegando hasta la garganta. Brota de mí una lágrima furtiva que surca mi mejilla y se despeña en el inmenso abismo de la pared sur de Peñasanta.

En la “plataforma inclinada” justo antes de abordar la “canal de salida”

Recojo la cuerda y guardo en la mochila la mayor parte del material. Aunque la dificultad que tengo por delante no es elevada decido seguir con los pies de gato y no con las botas ya que el peso de la mochila merma muchísimo mi capacidad de acción. La canal de salida no me da muchos problemas pero la cresta de los Basares me lleva casi a la desesperación. Las condiciones son malísimas. Nieve polvo, verglás, llambrias difíciles…

La dificultad técnica en roca en la cresta me obliga a avanzar con los pies de gato y un piolet en la mano. A veces en 30 metros escalo una placa de III+, atravieso una campa de nieve polvo y tallo dos escalones en hielo vivo para no resbalar con los pies de gato. Todo esto obviamente sin asegurar y con una aplastante mochila a la espalda. La longitud de la cresta me agobia.

– ¡esta montaña es inmensa¡

Algo más de una hora me demoro entre canal de salida y cresta pero al fin llego a la cumbre.

-¡lo he conseguido!

Las últimas luces del día me hipnotizan. Veo proyectarse la sombre de Peñasanta muchos kilómetros en dirección al mar. Veo ponerse el sol por el macizo del Mampodre. Hago todas las fotografías que puedo mientras la luz lo permite.

En estos momentos no siento nada más allá de un profundo cansancio. No estoy alegre ni triste ni nada, solo siento frio, cansancio y responsabilidad.

Antes de que se haga completamente de noche cavo una plataforma en la nieve para instalarme a pasar la noche.

Una vez instalado paso a ponerme la ropa seca y me meto en el saco. Ceno a penas un poco de chocolate con pan y algunas lonchas de pavo. También hago unas llamadas.

Hablo con mi Tío Tito y con mis amigos Rubén Rayan y Cipri López. Son las personas que sabían que andaba por aquí y se han preocupado por mi estado.

Por unas horas me aíslo del entorno. Vivo en una atmosfera irreal dentro del saco de pluma. Estoy con la luz encendida rememorando los momentos vividos estos dos últimos días. Noto como el agotamiento hace presa de mí, apago la linterna y me duermo. Al rato despierto. El vivac es un saco de astillas, tanta nieve he quitado que estoy encima de piedras.

Los fantasmas de la noche empiezan a aparecer. Empiezo a obsesionarme con la bajada por la cara Norte. Con la vuelta hasta el refugio. Con el agua… En un momento dado creo oír hasta truenos.

-¿truenos, pero si hay una meteo perfecta?

Sé que es imposible pero la ansiedad me obliga a sacar la cabeza del saco para comprobarlo. Nada más lejos de una tormenta lo que veo me hace abrir la boca y pronunciar una honda expresión de asombro.

-¡ohhhhhhhh! Cuánta belleza.

El firmamento está colmado de estrellas. Por largo rato observo la cúpula celeste. Alguna estrella fugaz hace las delicias de mi contemplación.

Al rato giró la cabeza al norte. El alumbrado público me muestra cada pueblo, cada villa. Desde Santander hasta más allá de Gijón veo como en una coreografía lumínica los faros de la costa cantábrica lanzan sus destellos al mar, y sin saberlo también a la montaña.  Al sur reconozco las villas de las provincias de León, Palencia y Burgos y en el medio de esta maravilla de luz y vida, un inmenso abismo de vacío, oscuridad y frio, serpentea alzando su poderosa influencia de este a oeste por cientos de kilómetros. Solo oscuridad. Una profunda brecha negra separa el mundo cantábrico de la meseta. Es la cordillera y son los Picos de Europa. Y yo, errante, esta noche de mi vida, esta al menos, me encuentro ante tamaño vacío poniendo con la frágil luz de mi linterna frontal la nota disonante entre tanta oscuridad.

Ahora sí, noto como un torrente de sentimientos se precipita de golpe y colma mi interior inundando mi alma de dicha y plenitud. Experimento un sentimiento inmenso de felicidad que solo un escaso puñado de ocasiones en la vida me había regalado el amor. En la oscuridad, una sonrisa bobalicona pliega de manera irrefrenable mis arrugas de expresión hasta que de puro cansancio me vuelvo a dormir.

Capítulo 3º

El descenso

El frío me despierta, es el amanecer.

Amanecer

Al este el cielo se tiñe de rojo ocre. La cámara de fotos intenta recoger torpemente algunos momentos.

Salgo del saco y recojo todo a medida que la luz aumenta. Cuando todo está listo para irme sale el sol.

Empiezo el descenso por la cara norte un tanto preocupado, no se la nieve que habrá ni como estará.

-¡El primer rapel falta, se han llevado los cordinos y el maillon!

Abandono allí una cinta de dinema de 120cm y un pequeño maillon y rapelo 30 metros en diagonal a la derecha para intentar quedar bajo la zona más sencilla, ya que hay que tirar la cuerda y volver a subir a la cresta.

Me cuesta subirme a la cresta, hay una nieve polvo ingobernable. Como puedo, llego al segundo rapel de la cresta.

-¡aquí han quitado un pitón bueno y han dejado el malo!

Profundamente molesto salen por mi boca unas palabras dirigidas al autor de los cobardes actos.

-¡aquí quisiera verte yo valiente hijo de puta, en invierno y solo!

asqueado de puro agotamiento

Enfadado, en una fisura cercana pongo un empotrador a golpe de pico de piolet y empato este con los retos de lo que fue el rapel para seguir descendiendo. Después tiro la cuerda y destrepo asegurado de un puente de roca. El enfado se ha apoderado peligrosamente de mí y la falta de lucidez que me produce este más el cansancio me hace bajar la guardia.

En un momento dado para salvar un peldaño me siento en una plataforma inclinada y noto como me quedo enganchado a algo a riesgo de perder el equilibrio. Si avanzo me caigo, si retrocedo me caigo… lucho contra la situación intentando desenganchar lo que sea que está fastidiando. Tiro y tiro con fuerza, estoy profundamente enfadado y de un tirón seco al fin consigo liberarme pero veo como mi piotet pala sale volando a gran velocidad hacia la brecha norte. Me he liberado.

Siento una enorme tristeza por la pérdida de la herramienta que en tantas batallas me había acompañado pero la lectura que saco es positiva. Estoy tan asqueado por el cansancio acumulado que mi cerebro está desviando la atención hacia sentimientos fuertes como la ira. La pérdida del piotet me serena de golpe y la concentración vuelve a mi inmediatamente.

-mejor un piotet que la cuerda- me digo.

Ato el piotet que me queda y con sumo cuidado sigo hacia la canal estrecha. Elijo la canal estrecha porque me queda muy cerca de la Forcadona para volver a Vegahuerta aunque voy mentalizado de que quizá no encuentre las anillas de rapel y tenga que volver a subir para bajar por canal ancha.

Voy destrepando hasta la salida de la canal y veo una anilla.

-¡aleluya!

Estoy por fin colgado de un parabolt reluciente.

Despliego los 60 metros de cuerda y el cordino de 5 milimetros para aprovechar a rapelar el máximo. Cuando se acaba la cuerda sigo destrepando atado al cordino mientras recupero cuerda a la vez que gano metros en descendente. Al rato, de un buen pico de roca hago otra reunión con cordino de keblar y desciendo en rapel otros 30 metros hasta el último rapel de anillas. Ya estoy casi abajo. Estoy tan cansado que monto otro rapel de un viejo pitón de anilla que encuentro y hago los últimos destrepes asegurado.

Ya fuera de dificultades me siento un rato encima de una llambria y recojo la cuerda. Dos horas me ha llevado descender desde la cumbre. Estoy agotado.

Pongo rumbo a la forcadona con más pena que gloria. Llevo un ritmo lento aunque constante. Al menos la nieve está en buenas condiciones y no me hundo. Dar la vuelta a la montaña para volver al refugio es un ejercicio de paciencia que debo tomar con filosofía para no desesperar.

Llego por fin al refugio y lo primero que hago es tumbarme en un camastro para estirar la espalda. No aguanto mucho rato, al estar estirado siento un agudo dolor en toda la espalda.

-lo mejor será que emprenda el descenso cuanto antes.

Bajo el peso de la mochila y sin la tensión que crean la escalada o la lucha por ponerse a salvo camino ahora si desesperado en dirección al collado del burro.

Tardo al menos hora y media en llegar al collado del burro. Cruzar esta zona de pequeños jous me parece la travesía del desierto. En el collado hago una foto sin ganas y sigo descendiendo hasta que en un momento dado veo Vegabaño. El inconfundible claro en el bosque se ve con nitidez unas cuantas centenas de metros más abajo. El fin está cerca y el agua también. Hace un rato que se ha acabado el agua que recogí en el nevero. Con energías renovadas por la visión del final de todo bajo un poco más contento.

Al llegar al manantial del bosque bebo el agua pura. Su sabor se me antoja dulce y vuelvo a llenar la botella. El manantial nace generoso al pie del camino. Recojo del suelo los frutos del haya igual  que si de pistachos se trataran, este riquísimo fruto seco puebla por millones el suelo del bosque. Cambio botas por zapatillas de montaña haciendo mi paso más ágil. Retomo la marcha. Atravieso el bosque en absoluta soledad con la mente abstraída en las formas de los árboles y el cantar de las aves. Mis últimos pasos son agradables, mi ritmo es lento pero sobrio, el enorme cansancio ha anestesiado todo dolor.

Son las 17:25 del veintinueve de diciembre cuando estoy de vuelta en el coche tres días después de haber emprendido la marcha. Siento mucha serenidad. Todo ha salido perfectamente.

Aquí, agotado, pienso que no volveré a darme una paliza semejante al menos…

Hasta el año que viene.

Al día siguiente a las 7:30 a.m despierto en mi casa de Arenas de Cabrales. Al encender el ordenador compruebo que la noticia de la actividad ha gustado mucho en los círculos del montañismo.

-no es habitual ver una invernal solitaria en una montaña tan lejana-

Pienso.

Agradezco enormemente los muchos comentarios y muestras de apoyo, y me alegro gratamente al comprobar que las actividades de montaña (y no solo la escalada deportiva) hacen disfrutar a la gente.

Como guía y como montañero me siento orgulloso de mis montañas y las amo profundamente y tras esta experiencia me siento, aún más si cabe, perteneciente a ellas.

 

 

 

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48 Comentarios

  • José Acacio Suárez Gonzalez dice:

    No tengo calificativos para expresar tus hermosos y técnicos comentarios y les semeyes tan guapes .Enhorabuena

  • Mon Suarez. dice:

    Gran actividad decorada con un relato de lo mas íntimo. La Canal del Pájaro Negro en invierno, en solitario y a vista. ¡Ojito!. Mi mas sentida enhorabuena .

  • Jesús dice:

    Me has dejado absolutamente pasmado. De la actividad prefiero no decir nada porque todo lo que dijera sería poco. El relato, genial. Enhorabuena

  • Mario dice:

    Increíble relato Xuaco. Sabía de la actividad por FaceBook pero leyéndote… increible!! Muy poca gente es capaz de hacerlo.
    Saludos y enhorabuena.
    Mario.

  • Antonio Díaz dice:

    He leído tu relato con el corazón encogido… Toda esa soledad, ese riesgo, ese frío… Hay que ser muy fuerte mentalmente para llevar a cabo una actividad así! Te admiro y te digo: ¡Cuídate, Joaquín! Queremos tener un guía como tú por muchos años.

    • Xuacu dice:

      Muchas gracias por el comentario Antonio. Agradezco mucho tus palabras. Una actividad así la visualizas y la ves clara porque estas en un momento de forma física y mental adecuado para tamaña empresa, ahí no vas a probar suerte. Un abrazo!!

  • Ángel Palacio Alonso dice:

    Me ha gustado mucho tu relato, con esa narración tan detallada y sentida, he vivido la escalada como mía, aunque mis metas son muchísimo más modestas. Enhorabuena por proporcionarnos esta vivencia tan auténtica. Salud y montaña!!!!

    • Xuacu dice:

      Buenas Ángel.
      Gracias por el comentario. Las metas por modestas que sean, son importantes para uno mismo y nos ayudan a vivir en el día a día. Lo importante es poder nutrirse con la montaña.
      Un abrazo!!

    • Xuacu dice:

      Muchas gracias por el comentario Ángel. Me alegra mucho que te haya gustado. Yo creo que no hay meta pequeña, cada uno en el nivel que tenga en cada momento vive grandes emociones. Un abrazo!!

  • Francisco Izquierfo dice:

    Muy bueno tu .Por momentos pensé que tanto detalle te había hecho desarrollar ,un esfuerzo similar al de superar la Canal.Enhorabuena

    • Xuacu dice:

      Buenas Francisco.
      Tienes razón, faltó la palabra relato y también estás en lo cierto en barruntar el esfuerzo que lleva escribir esto a un neófito de la tecla como yo.
      Gracias por los comentarios.

      Un abrazo!!

  • Francisco Izquierfo dice:

    Faltó la palabra relato Se la debió de comer algún rebeco

  • David dice:

    Me ha encantado tu relato. Pedazo de actividad! Enhorabuena!
    Un detalle: para que la actividad se entienda mejor las fotos podrían llevar un pie que las explique.

    • Xuacu dice:

      Buenas David.
      Gracias por el comentario. Tienes razón, solo que tenia tanta gana de publicarlo que lo lancé como pude. En estos días iré poco a poco arreglando el post.

      Un abrazo!!

  • Jose luis Nicolás dice:

    Impresionante collaciu, sin tar ahí contigo, simplemente leyéndolo ya me supo bien. Enhorabuena Xuacu yes nuy grande.

  • Alberto dice:

    Xuacu chapó, actividad 10.,nos has hecho disfrutar de tu actividad contándonos también tu aventura, sabes transmitir tu pasión por la montaña tu amor que sentimos muchos. Te animo a seguir compartiendo tus guapas aventuras, un abrazu

  • Jorge de Andrés. Sotiello. dice:

    Impresionante Joaquín.

  • José Carlos Vila dice:

    Muy buena actividad y bien contada. Enhorabuena.

  • pedro garcia dice:

    no solo eres buen buen montañero, persona, amigo, también relatador de tu historia que pasa a ser un poco de todos los que te conocemos. nosotros la hicimos en mayo y costo. me la imagino en solitario e invernal y flipo. un gran abrazo y sapoo..
    aaa espero sigas escribiendo.

    • Xuacu dice:

      Muchas gracias por el comentario Pedro.

      Ha sido una escalada muy importante para mí, la he sufrido y disfrutado muchísimo y me ha llegado al corazón, así quise también intentar transmitirla.

      Un abrazo!!

  • Fernanda Pastor, Nandi dice:

    !!!Fantástica actividad!!!, vi la noticia en foropicos y ya me aluciné, ahora Me has tenido enganchada hasta el tú al de relato. Sólo darte mi más admirada enhorabuena por esa ilusión en superarte, por superar la dificultad que da el cansancio. Ahora disfruta de los recuerdos por la gran aventura y a seguir planificando. Un saludo.

    • Xuacu dice:

      Muchas gracias Fernanda.
      Ha sido una aventura muy hermosa que me ha llegado al corazón y así lo he intentado relatar.
      Muchas gracias por el comentario.

      Un abrazo!!

  • Enrique Javier Ovejero dice:

    Felicitaciones!! gracias por compartir.
    Atte.
    E.O.

  • Carlos dice:

    Enhorabuena Xuacu!!! Una actividad enorme al alcance de pocos, un relato buenísimo al cual me a enganchado y me ha dejado boquiabierto. Una gran aventura.

  • Mundo dice:

    Hola Joaquín. Enhorabuena por la ascensión y enhorabuena por el relato de la misma. Hace tiempo, en una velada en Quirós comentabas que te hubiera gustado haber vivido nuestra época de Picos, la de tu tío, la de Anselmo,… Con esta ascensión en solitario has revivido esa época y aquellas sensaciones. Un fuerte abrazo.

    • Xuacu dice:

      Buenas Mundo. Recuerdo perfectamente aquella velada ya ves que sigo teniendo esa gran pasión por la escalada clásica y por el gran montañismo. Un abrazo grande!

  • Pachu dice:

    Norabuena, Xuacu!. Además de unas condiciones físicas extraordinarias, de unos conocimientos técnicos amplísimos y muchos años de experiencia, fae falta una mentalización extrema pa acometer una aventura así en solitariu. Mi mayor reconocimientu y muchos éxitos en la nueva temporada. Que sigas disfrutando!

    • Xuacu dice:

      Buenas Pachu. La verdad es que esta historia de Peñasanta me cogio en un momento de forma física y mental muy alto, además, hacía mucho tiempo que tenía ganas de abordar una empresa severa y solitaria en invierno y Peñasanta al fue el escenario perfecto para llevarla a cabo. Muchas gracias por el comentario.
      Un abrazo!!

  • Brojos dice:

    Hola Kako,
    Me he despertado alas siete de la mañana y me he puesto a ojear el Facebook cuando me encontré tu relato. Había hablado con Tito en Figares de tu ascensión y con una amiga. Te leo y me recuerdas las aventuras que me narrada mi amigo Sio de los Picos. Puro Alpinismo. Enhorabuena.

    • Xuacu dice:

      Muchas gracias por el comentario brojos. No hace falta ir muy lejos para vivir una aventura de primera categoría. Nuestros Picos de Europa nos ofrecen paredes muy grandes y con grandes aproximaciones. Hace un montón que no te veo, a ver si coincidimos escalada. Un abrazo!!

  • Ines dice:

    Sólo decirte que me sudaban las manos leyéndote. Porfi, sigue contándonos tus hazañas. Mil gracias!!!

    • Xuacu dice:

      Muchas gracias Inés!
      Me alegra mucho saber que te ha gustado el relato, eso me da ánimos para esforzarme a escribir los qué estén por llegar, ya que tengo que confesar que me cuesta aunque me encanta.
      Muchas gracias por el comentario.

      Un abrazo!!

  • Pablo Miguez dice:

    Gracias por hacerme sentir la montaña y por contarlo de esa manera tan natural , que hasta parece que una actividad de tanta envergadura y compromiso parezca relativamente sencilla. Cuántas horas, días, meses… Que habrá por detrás para poder afrontar un fregado de este tipo?.
    Me has hecho saltar de la silla e ir a pillar los piolos… Eso se llama motivación!!
    Gracias por volver a poner el gusanillo en mi corazón.
    Pero iremos pasó a paso y despacito.
    Pos eso …. Enhorabuena por la grandisima Escalada y no olvides seguir contándolo.

    • Xuacu dice:

      Gracias Pablo!

      Gracias amigo por ser tan amable. Hay una cosa que dices qué me parece muy importante y quiero resaltar. Y es todo lo que hay detrás de una escalada de nivel que se realiza en un momento dado. Todos los años de pelea, frustraciones y acumulación de experiencia y miles de horas y metros invertidos en está pasión.
      Muchas gracias otra vez por tu amabilidad y por el comentario.

      Un abrazo!!

  • Valentín Arranz Rodríguez dice:

    Felicidades Xuacu por la notable actividad montañera!!!! En su momento leí la noticia de tu actividad en los medios y me alegré mucho por tí. Vinieron a mi recuerdo los días en que siendo un guagin en el transcurso de tu primera ascensión al Picu Urriellu ya hiciste algún largo de primeru y de como practicamos a meter los Cams en Quirós primero. Ahora fuera de onda pero espero que a tiempo!, ya sabes como soy que aparezco y desaparezco! acabo de leer tu relato y no puedo por menos que felicitarte también por el mismo, no todo el mundo tiene la capacidad de describir lo que ve y de transmitir los sentimientos y las emociones. Enhorabuena Joaquín y ahí nos vemos!

    • Xuacu dice:

      Valentin!! Que sorpresa!!
      Recuerdo perfectamente la primera vez que subí al picu contigo y con Dani en julio del 98, algún larguin me dejaste hacer si jajaj.

      Muchas gracias por las felicitaciones. Para mi la montaña en todas sus facetas es una manera de vivir y por eso me he hecho guia, no me importa la dificultad de lo que escalo solo es importante estar en la montaña. Esta aventurilla en Peña Santa es la consecuencia de un buen estado de forma que quise aprovechar.
      Espero verte pronto. UN ABRAZO!

  • David Diaz dice:

    Kako, eres el unico que ha cumplido con los sueños que teniamos de guajes. Me siento enormemente orgulloso de ti. Eres un crack amigo.

    Increible actividad. Magnifico relato. Gigantesco abrazoooo

    • Xuacu dice:

      Gracias Davicin. Ya sabes que siempre fui muy cabezón, se me metió en la cabeza y hasta que no lo conseguí no paré, aunque visto ahora con perspectiva mejor hubiera hecho protésico dental jajaja
      Un abrazo grande paisanu!!!

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