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Aunque todo mal, todo genial.

Por 25 abril, 2017Relatos

Son las 21:00 del domingo 16 de abril.

Cansado por los días de trabajo de Semana Santa intento relajarme en mi casa en Arenas de Cabrales disfrutando de una cerveza. Mientras, contemplo a través de la ventana como las últimas luces del día acarician las laderas del Cabezu Llerosu. Ensimismado contemplo el tono ocre de los últimos rayos del sol en los bosques de las invernales de Vanu y Muniama, mientras la brisa de ladera, mueve serenamente las hojas de un gran nogal a escasos 20 metros de mi ventana. Poco a poco la dulce puesta de sol y los efectos de la cerveza van generando en mí un muy placentero estado. Saboreo los últimos sorbos cuando de repente….. ring, ring, ring.

-mecaguenhastaenla…. ¿quién c### será? El timbre del teléfono ha hecho añicos mi serenidad.

Es Juan Luis Guilluy Arenas mi joven amigo cabraliego quien como siempre me aborda lleno de energía y motivación.

YO- A ver finu que cuentas.

JL-¡León! que quedé con Nano el de Potes que vamos a ir a escalar a la cara norte de la torre de la Palanca esta madrugada, está super bien hay unas condiciones perfectas, te recojo a las 4 a.m  y vamos y hacemos esto y lo otro y lo otro y vamos a ir por aquí y por allá y más y más y más…….. Una Bomba de chaval, puros 22 años.

En ese momento toda mi pereza me sube a la cabeza, voy escuchando a Juan Luis sin escuchar procesando la información que me interesa ” norte de la palanca” “4a.m” …. Entonces le digo;

YO-Que va Juan es que la palanca está muy lejos y además he quedado para ir a conocer una ruta que tengo que guiar y bla, bla, bla- Me pongo a mi mismo un montón de excusas para decirle que no.

Noto a Juan un poco decepcionado con la negativa pero comprensivo como siempre me dice que no me preocupe que ya iremos el y yo otro día con más calma.

YO- Eso, otro día con más calma.

Un poco descolocado pienso no más de 10 segundos en la propuesta de Juan y no tardo ni otros 10 en lanzarme impulsivamente sobre el teléfono para decirle que si que cuenten inmediatamente conmigo. En definitiva, no he tardado ni 25 segundos en deshacer un plan cómodo y seguro y hacer otro cansador y totalmente incierto

¡en el pecado llevaré la penitencia!

 

3:30 a.m; El despertador me da un bofetón impresionante. Como puedo me tiro de la cama abajo, me visto y tomo un café rápido y un poco de pan con aceite. Juan ha sido puntual y a las 4:00 a.m está con todo listo a la puerta de mi casa. Vamos escuchando reguetón y la música más hortera que somos capaces de encontrar por la radio, el caso es hacer el idiota todo lo posible para mantenernos con los ojos abiertos.

A las 4:45 a.m estamos en Potes debajo de casa de Nano. Estoy muy contento de haber venido, Juan es un chaval genial y divertidisimo y Nano es un compañero de profesión al que me une el respeto mutuo y una manera bastante parecida de ver las cosas.

¡El día promete!

Alegremente pasamos el material a la pickup de Nano y salimos sin perder un minuto hacia Espinama para adentrarnos por la pista que sube al Chalet Real de Aliva. La noche es fría y llena de estrellas, no se intuye humedad en el cielo, las condiciones son perfectas.

Son las 5:40 cuando el motor del todoterreno se apaga y se enciende la silenciosa luz de la linterna frontal. No hablamos, estamos cada uno ensimismado en sus pensamientos. Hace frío y llevo el gorro puesto con las gafas encima para no perder tiempo cuando toque sacarlas. Saco del coche mochila y botas, Nano hace lo mismo pero Juan Luis camina en círculos de manera sospechosa y formula la siguiente pregunta, aunque más que una pregunta es un quejido;

JL-¿Y dónde está mi mochila?

YO-¡Pero como que donde está tu mochila! ¿Pero donde la has dejado?

JL-¡No se…. aquí en la caja de la pickup!

La decepción se palpa en el aire, a Juan Luis le falta la mochila con todo el equipo de escalada glaciar. La decisión no se hace esperar, en esa mochila hay mucho dinero en material y prima recuperarla. El afirma puso la mochila en la caja del todoterreno y que en algún bache de la pista ha debido salir volando pero, Nano y yo , conociéndole, tenemos claro que o bien no la trajo, o quedó en el coche o lo que parece más probable, en el transfer la dejó por ahí tirada.

Bajamos nuevamente a Potes. Juan Luis maldiciendo por la pérdida de una mochila repleta de tesoros y Nano y yo acordandonos de lo bien que se está a estas horas acurrucado en la cama. Durante la bajada Juan llama a casa pero la mochila no está allí. Totalmente seguro de haberla traído sigue abrazado a su tesis de mochila voladora.

Llegamos a nuestro coche y allí no hay mochila alguna. Está claro que le han salido patas ¡menudo disgusto! Juan, abatido, se quiere ir a casa y nos insta a Nano y a mi a que volvamos a subir pero nos da rabia que se vaya. Mientras decidimos qué hacer a mi me entra frío por la cabeza y voy al coche a por el gorro pero por más que busco no encuentro el gorro, entonces me doy cuenta;

YO-¡Ostia que me he dejado el gorro y las gafas arriba tirados encima de una piedra!

Los dos me miran y nos da la risa, entonces Nano decide por todos.

Nano-Juan te voy a dejar material y subimos, recuperamos las gafas y el gorro y vamos a una pared más cercana y al menos hacemos algo-

Nos parece bien a todos. Nano entra en su casa a por el material y al poco vuelve a salir con un montón de cosas debajo del brazo. Vuelta otra vez a Espinama, casi nos estrellamos  contra un corzo a los 1o minutos. Ilusos de nosotros pensamos;

-¡Que más nos podría pasar hoy?

Ya descartado el plan de escalar en la norte de la Palanca dejamos el todoterreno un poco más abajo que antes. Ya ha amanecido hace un rato pero el teleférico aun tardara en abrir. Vuelvo a sacar la mochila, las botas…. Juan Luis hace la mochila con su material prestado pero Nano camina en círculos de manera sospechosa y formula la siguiente pregunta, aunque más que una pregunta es un quejido;

Nano-¿Y dónde está mi mochila?

No nos lo podemos creer. Seguro que se quedó tirada de madrugada en el mismo sitio donde yo abandoné el gorro y las gafas.

Volvemos a subir todo al coche y todo lo rápido que nos deja el firme de la maltrecha pista subimos hacia el punto donde pensamos que hemos abandonado el botín de madrugada. La incertidumbre se apodera de nosotros…

-¿habrá pasado alguien…?

A unos cien metros del fatídico lugar vemos gafas, gorro y mochila suculentamente tirado por allí pero afortunadamente en su sitio. El pobre Juan Luis experimenta la visión de nuestras cosas de manera diferente, se pone en la piel de quien pudo haber encontrado tamaño tesoro y empieza a ser consciente de lo goloso que es quedarse con todo ello.

Volvemos a sacar del todoterreno todo lo que no está ya fuera para al menos ir a sudar un poco. Estoy acabando de ponerse las botas cuando identifico en Juan Luis una actitud que me es desagradablemente familiar. Camina en círculos de manera sospechosa pero esta vez no formula ninguna pregunta ni emite ningún quejido, simplemente extiende sus brazos mostrando los crampones que Nano le acaba de prestar. Afino la vista para entender y acto seguido me llevo las manos a la cabeza.

¡¡¡LES FALTA UNA TALONERA DE SUJECCIÓN!!!

Las manos agarran inmediatamente unas cabezas que miran irrefrenablemente hacia el suelo preguntándose el porqué de tanta inutilidad. Uno afirma que son señales, otro que las prisas y todos que es que estamos apijotados. A mi jamás me había pasado algo así.

No hace falta decir que la excursión ha terminado. Bajamos a Potes con una sensación de ridiculo fuera de lo común cuando a Juan Luis le suena el teléfono. Es Tureno, el director del centro de formación de técnicos deportivos CEDEC sito en el valle de Liébana.

Tureno-¿Oye, habrás perdido una mochila?

La cara de Juan Luis se ilumina, todo ha tenido un final feliz.

¡Aunque todo mal, todo genial!

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