A cincuenta días del Otoño

Por 9 enero, 2018Experiencias, mis libros
a cincuenta días del otoño, mi primer libro

A cincuenta días del otoño, este es el título de mi primer libro.  link

Este pequeño libro de relatos cortos, nace durante los largos y emocionantes días de trabajo en las altas montañas.

Allí se madruga mucho para evitar calor y aglomeraciones. En ocasiones también para hacer la actividad antes de la llegada de una tormenta o simplemente de la lluvia.

Salimos del refugio temprano, aún de noche con la ayuda de las linternas frontales a encontrarnos con el amanecer, para así poder relajarse el resto del día, preparar la actividad siguiente, y evitar el calor de las horas centrales del día.

Es durante esas tardes de descanso, de tranquilidad, cuando aprovecho para ordenar algunas ideas y apuntar en un cuaderno arrugado, algunas de las vivencias que después se convertirán en un relato.

En ocasiones, mientras  disfruto de la magnífica roca de los Picos de Europa, las emociones se me disparan y pienso que debería contar a todo el mundo lo feliz que se puede ser sin apenas necesitar nada, basta con trepar por una montaña y sentir lo que decía el pionero guía del Naranjo, Alfonso Martinez: la suprema sencillez.

Otras ocasiones, trabajando, veo disfrutar a mis invitados escalando las hermosas montañas de mi tierra. Iluminadas por las mágicas luces de la mañana, por los rayos del sol entre las nubes o entre ingrávidos girones de niebla y pienso, en lo hermoso que sería reflejar esos momentos en una película, o documental o, ¿por qué no? en un libro.

Y ha sido así, en un libro.

El título, “A cincuenta días del otoño” surge de un refrán popular español; “primer día de agosto, primer día de invierno” y tan cierto es este dicho, que a primeros de agosto empieza a notarse un cambio en la meteorología de las montañas. Las nubes se estiran, los vientos comienzan, las mañanas son más frescas y las noches más largas. Y casi con seguridad, si el tiempo se tuerce, nevará.

Aquí algunos fragmentos:

 

El Inglés:

Cuando llego al hotel me presentan a Gerard, mi cliente. Es el abuelo de Frodo Bolsóm hecho realidad frente a mí; Es pequeñito y sonriente, de gesto seguro. En los primeros minutos que pasamos juntos ya nos caemos bien. Es ingles, muy ingles, y pretende subirse al coche de copiloto por la izquierda. Entonces le doy las llaves y lo entiende al instante, nos miramos y nos da un ataque de risa.

Le encanta lo que ve, alucina con los Picos, esta emocionado. En Pandebano le quito la mochila y no le dejo subir nada, faltaría mas. Acaba por confesarme su edad, 35 años, pero dice que lleva una vida de excesos y por eso parece mayor, parece que tiene 82 años.


Escalada glacial, regalo otoñal: 

Brunas y colores de otoño. Vemos aldeas, pueblos, villas y ciudades. En nuestras mentes podemos imaginar el olor de la leña quemando en las cocinas de Soto de Sajambre. Podemos imaginar el ambiente en los bares de Cangas de Onís. Podemos imaginar el transcurso de la vida cotidiana mientras nosotros, errantes, vivimos este momento efímero que muere con cada segundo que pasa.

Ahora seiscientos metros de rapel y cinco horas de caminata nos devolverán a un lugar habitable, al que no queremos volver, al que no tenemos más remedio que regresar.

La vida del montañero es una constante llena de nostalgia. Nostalgia de estar allí donde soñamos adquiriendo certeza sobre uno mismo. Nostalgia de buscar verdad, belleza y bien en un mundo, el de la montaña, que cada uno construye para si mismo.


Solitaria invernal a la Canal del Pájaro Negro:

En medio de esta maravilla de luz y vida, un inmenso abismo de vacío, oscuridad y frio, serpentea alzando su poderosa influencia de este a oeste por cientos de kilómetros. Solo oscuridad. Una profunda brecha negra separa el mundo cantábrico de la meseta. Es la cordillera y son los Picos de Europa. Y yo, errante, esta noche de mi vida, esta al menos, me encuentro ante tamaño vacío poniendo con la frágil luz de mi linterna frontal la nota disonante entre tanta oscuridad.

Ahora sí, noto como un torrente de sentimientos se precipita de golpe y colma mi interior inundando mi alma de dicha y plenitud. Experimento un sentimiento inmenso de felicidad que solo un escaso puñado de ocasiones en la vida me había regalado el amor. En la oscuridad, una sonrisa bobalicona pliega de manera irrefrenable mis arrugas de expresión hasta que de puro cansancio me vuelvo a dormir.


Cainejo:

Es primeros de Agosto del año 1904. Gregorio Pérez Demaria (el atrevidu) se encuentra en Caín de arriba segando detrás de su casa. Fibroso, moreno, piel curtida. La madurez se le adivina de lejos, la rudeza también. Su aspecto es fiero y decidido, su carácter altivo, su paciencia limitada, su sabiduría popular, su orgullo infinito, su palabra inquebrantable. Se apoya un momento en el rozón para echar un trago de vino cuando ve acercarse a alguien con paso decidido. Sin duda ese alguien se dirige hacia él. Desconfiado entrecierra los ojos para afinar la vista.

No hay marcha atrás. El asalto a la más temible aguja de los Picos de Europa es inminente.

La montaña soñada por Duques, Condes Y Marqueses, españoles y extranjeros va a ser por fin asaltada. Y va a ser él, precisamente él, Gregorio Pérez Demaria el protagonista de tamaña osadía. La responsabilidad le invade, y en su interior empieza a entender lo grande del asunto. La madrugada del siguiente día saldrá para el Naranjo. Malditos principios, maldita palabra, maldita promesa, maldita vanidad, maldito Marques. La suerte está echada.


Ariscu Sonllanu:

Rapelamos casi trescientos metros como exhalaciones, el ocho quema como la lava. Llegamos al suelo y bajamos corriendo por la pedrera desbocados, entre rayos truenos y lluvia torrencial, un fuerte sentimiento de libertad me inunda. Los días siguientes son tediosos, llueve sin parar, nuestro colega se va y a Tito lo llaman para trabajar y también se va. Total que me quedo solo. Mientras, sigue lloviendo.
Pasamos el tedio de pesca y conociendo marcar de cerveza, hasta que a los días, la meteo cambia. Deja de llover, se levanta una ligera brisa y empieza a despejar. En menos de una hora pasa de la lluvia a la calma y eso a mi es como si me clavaran las espuelas.

 

Espero que los relatos sean del agrado del lector y espero, poder ofrecer algún rato agradable con su lectura.

Atentamente,

Joaquín Álvarez Sánchez (Xuacu)

a cincuenta días del otoño, mi primer libro

 

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Un comentario

  • JAVIER VELEZ dice:

    Enhorabuena por el libro Joaquín. Lo compre en la caseta de Desnivel en la Feria del Libro de Madrid y me ha gustado mucho su lectura. Transmite el amor que sientes por tu oficio, que también es tu pasión, y el cariño hacia los Picos de Europa. Yo ya hoy en día me veo mas reflejado en el inglés de tu libro, porque es su día, de joven, hice montaña y algo de escalada (mas bien en artificial) por la Pedriza. Hoy con los años disfruto de la montaña a partir de una casa en Liebana, frente al macizo de Andara con la Morra Lechugales presidiendo. Quizás algún día me anime a hacer un curso de escalada (de iniciación claro) de los que incluyes en tu web y, si lo veo imposible, pues al menos poder disfrutar de una charla con una persona que como tú, se ve que amas la montaña y los Picos de Europa. Un saludo y reitero mi enhorabuena por el libro

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