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Corredor del Marques Primera 2022

 

Es enero y llevamos ya un mes con los esquís y los crampones puestos y ya tocaba hacer una primera 2022 al Corredor del Marques.

Tras un noviembre de tres semanas de lluvia y nieve, disfrutamos ahora de unas condiciones no siempre posibles en la Cordillera Cantábrica y los Picos de Europa.

Hay una muy buena base helada a partir de 1600 metros.

Desde diciembre se van sucediendo cursos de esquí de travesía y alguna que otra salida de esquí/alpinismo en las inmediaciones de los puertos de montaña del centro de la cordillera.

El momento del alpinismo llega y al fin encaminamos nuestros pasos hacia Peña Santa de Enol.

Quedo con Quique en el aparcamiento de “el repelao” en Covadonga. El aparcamiento está en un prado que, blanco y destelleante, más se parece a una pista de hielo por la tremenda helada que lleva cayendo durante varios días en el mismo sitio.

Subimos a Pandecarmen que es donde empieza la aproximación y tras hacer la mochila nos encaminamos al refugio manteniendo una agradable charla. Antes de llegar aquí y con las últimas luces del día vemos nuestro objetivo, las Peñas Santas, completamente heladas y desafiantes.

Tras llegar al refugio nos urge cambiarnos de ropa y abrigarnos con los plumíferos ya que el frío es muy intenso, el termómetro marca 6º bajo cero, aunque rápidamente le damos la vuelta a la situación con unos embutidos de primera categoría y una botella de vino de alto standing que Quique ha tenido la amabilidad de traer.

Animados por el caldo exquisito y las buenas viandas cenamos de pie mientras conversamos animosamente, para inmediatamente despues irnos a descansar.

El saco nos aísla del exterior creando un ambiente confortable en medio de tanta gelidez.

El despertador nos pone en marcha a las 5:30 a.m.

Tras el sopor del saco de pluma sentimos ahora la realidad gélida del más crudo invierno, aunque el quemador del infiernillo nos reconforta con su sonido envolvente y la promesa de café.

Engullimos el desayuno en silencio y para las 6:15 a.m. ya estamos caminando en dirección al Collado de la fragua.

Hace muchísimo frío.

Vamos con toda la ropa puesta y aun así sentimos el mordisco de las bajas temperaturas.

Pronto debemos ponernos los crampones, el arnés y asegurar el avance con las técnicas adecuadas.

En el Collado de la fragua amanece y podemos contemplar los tonos violáceos y rojizos del nuevo día, así como nuestro objetivo: Peña Santa de Enol o Torre Santa María.

El avance hasta el pie de vía no es tranquilo.

Como guía y responsable total de la seguridad voy constantemente dando indicaciones. Intento crear un ambiente de concentración, pretendo que mi acompañante sea consciente del peligro objetivo y por ello ponga técnicamente todo de su parte. Creo ponerme hasta pesado.

Una vez a pie de vía nos atamos y todo fluye.

La vía “el corredor del Marqués” está en unas condiciones impresionantes. La nieve está durísima y multitud de borbotones de hielo afloran en las paredes.

El primer largo está repleto de hielo.

Tras el paso de mixto protejo con tornillos los 30 metros que me separan de la reunión.

En la habitual rampa de nieve del segundo largo consigo introducir otro sólido tornillo y en el tercer largo de travesía a la izquierda puedo introducir otros tres hermosos tornillos.

Condiciones impresionantes que generan un torrente de emociones vivas y armoniosas.

El último diedro, el que lleva a la cumbre, es una rampa de hielo azul del que afloran borbotones por doquier y que hace del avance por esta entrañable montaña una experiencia absolutamente sobrecogedora. Peña Santa de Enol se convierte en la cumbre de nuestros sueños. Una montaña completamente colmada de hielo, envuelta en una burbuja de azul y frío de la que, a pesar de este, absortos por la belleza que nos rodea nos resistimos a bajar.

Observo en Quique una expresión de sobrecogimiento y de satisfacción en igual medida, reflejo vivo, pienso, de la expresión que a su vez estará arrojando mi rostro. La aventura ha estado a la altura de sus ilusiones y ha superado por otra parte con creces mis expectativas, ya que no esperaba encontrar unas condiciones tan estupendas.

Nuevamente los Picos de Europa, este escenario entrañable y protagonista casi completo de mis andanzas profesionales, han vuelto a poner de manifiesto su gran calidad y las posibilidades de estas magníficas montañas que miran al mar Cantábrico.

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