Cresta Tres Poyones-Requexón

Por 27 mayo, 2020crestas, Relatos, Sin categoría

¡Dos meses en casa encerrados!

Dios mío, quien nos iba a decir que en la segunda década del siglo XXI, íbamos a sufrir una pandemia como las de antes, una peste moderna, una verdadera pesadilla sanitaria y económica, con toques de queda y hasta desabastecimiento. Pero así ha sido, y con ello, dos meses encerrados sin salir a ninguna parte, mucho menos a la montaña.

 

Seguro que no he sido el único que lo ha pasado mal, aunque mal lo he pasado bastante.

En mi caso, lo peor ha sido el insomnio ¡claro, de no hacer nada! y la incertidumbre: quince días, ahora quince días más, ahora para mitad de abril… dos meses al final con una resultante de cinco kilos de más.

Aunque peor sin duda lo han pasado las personas que han estado infectadas, entre las que se encuentran amigos míos, que aun durante bastante tiempo, han seguido con problemas derivados de la infección. Trombos en piernas y pulmones, efectos secundarios del covid-19.

Mis condolencias y mi más sentido pésame a las familias de las víctimas de este drama que nos ha tocado vivir. Siento en el alma que el homenaje no sea diario y la certeza de su dolor más reconocido.


Hace una semana que voy subiéndome a la bici y los kilos van remitiendo, aunque a los malditos no les mata la prisa por irse.

Suerte es también tener un buen sector de escalada a diez minutos de casa para ir poniendo los dedos a tono.

En los paseos de “fase 1” he conocido una nueva expresión del silencio, de la quietud, del concepto de civilización. He sentido gran desasosiego al ver durante días, una autovía completamente vacía, sin vehículos, y por ende carente de sentido.  He entendido a su vez, el peso de la libertad como concepto abstracto, inmaterial, que ni se come, ni se pesa, ni puede ponerse en una ecuación, pero la falta de este despierta los más grandes anhelos por ejercerlo en plenitud. Y a eso vamos pues.

 

Al fin llegó la fase dos y podemos ir a las montañas.

Tras dos meses de soledad y meditación, lo que menos me apetece es ir a zonas concurridas así que propongo a mi amigo Rubén ir al Cornión, y pasar el día por la zona a la derecha del Porru Bolu. Hacer la cresta de los tres Poyones-Requexón en formato ascendente (mucha gente la hace al revés), ya que además de crestear y poner el cuerpo a tono, también hay que hacer un par de largos de escalada.

Esta cresta es una formación solitaria, alejada del cogollo de las grandes cimas del macizo. Pasa desapercibida en la parte más occidental del Cornión. Se compone de una sucesión de torres, crestas y rápeles, además de unos interesantes largos de escalada vertical.

Otra cosa buena de esta cresta de los tres Poyones-Requexón, es que está relativamente cerca y no hay que darse la gran paliza para llegar.

 

Amanecemos en los lagos de Covadonga en un radiante día de primavera, entre luz nítida y el verde eléctrico de las camperas, aún húmedas por el rocío del amanecer.

 

Emprendemos tranquilamente, charlando, disfrutando nuevamente de la acumulación de fatiga, la marcha hacia el refugio de Vegarredonda.

Está cerrado, como era de esperar por el lío del coronavirus, así que seguimos hasta la fuente del refugio viejo, donde hacemos una parada para repostar. Allí saludamos a algunos amigos que también han venido a hacer actividad.

“En silencio, disfrutamos por un rato más el espectáculo hasta que al fin, el viento disipa la niebla completamente. Vemos al fin la dirección a seguir para encontrar el camino principal que nos deposite a través de una senda tranquila en el fondo del valle”

Seguimos la marcha hasta el Porru Bolu por el camino de fuente prieta, que abandonamos inmediatamente para adentrarnos en los cortos Jous que llevan al pie de la primera Torre.

Desde aquí vemos perfectamente la Cresta Tres Poyones-Requexón

Nuevamente nos detenemos, esta vez para disfrutar de las crías, aún diminutas, de las abundantes manadas de rebecos que se ven en esta zona pastando libres, en estos parajes solitarios de la montaña de Covadonga.

Seguimos una evidente línea de hitos que nos deposita en la cresta de la primera torre, a la que subimos trepando cómodamente. La abandonamos hacia su vertiente derecha antes de llegar a la cumbre por una evidente vira, mediante la que llegaremos a la horcada entra la primera y la segunda torre.

Para subir a la segunda la cosa se pone más emocionante.

Ahora la dificultad obliga a ponerse los pies de gato. Hacemos un largo de unos quince metros, asequible, y tras este, uno de cincuenta metros en el que hay un par de pasos de adherencia que no conviene subestimar. Tras el largo, subimos caminando sin dificultad aunque si con exposición, a la cumbre de la segunda torre.

Destrepamos con cuidado de la segunda a la tercera torre.

En este momento la niebla nos envuelve, baja la temperatura y debemos ponernos el forro polar. La montaña muestra su cara hostil. No vemos nada alrededor, solo roca, y en ella algún clavo pintado de azul que nos indica el camino en esta cresta de los tres Poyones-Requexón.

En dos largos asequibles y bonitos de escalar estamos en la cumbre de la tercera torre.

Disfrutamos de la cumbre sentados tranquilamente en una repisa. Sentimos la seguridad de saber en la mochila agua y sabrosos alimentos. Aquí hay que abrigarse un poco más, se ha levantado una brisa fría, del norte, de las que hace pasar la niebla a gran velocidad por encima de nosotros.

Absorto cada uno en su bocadillo, no somos conscientes del claro que a nuestra izquierda empieza a abrirse en las montañas. Solo nos percatamos cuando los rayos de sol, impactan sobre las nieves de la alta montaña, creando una gran luminosidad, la que provoca que al unísono, cambien de dirección nuestras miradas.

La belleza paisajista de esta zona del macizo es absolutamente mayestática.

Allí, en silencio, disfrutamos por un rato más el espectáculo, hasta que al fin, el viento disipa la niebla completamente. Vemos al fin la dirección a seguir para encontrar el camino principal, que nos deposite a través de una senda tranquila en el fondo del valle, allí donde está el vehículo que nos devolverá a casa.

Volvemos contentos, cansados, ilusionados tras esta cresta Tres Poyones-Requexón, con volver a hacer otra actividad lo antes posible, antes de que las responsabilidades de trabajo nos hurten el tiempo necesario para escalar otra vez a nuestro aire.

 

Por la autovía vemos los carteles informativos “fase 2, no salir de la provincia”.

 

Ya ni nos acordábamos del coronavirus.

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