Espolón de los Franceses una gran escalada clásica

Por 9 agosto, 2016Sin categoría

En el refugio hotel de Aliva he quedado con Francisco, para hacer el Espolón de los Franceses, una gran escalada clásica.

Son las 5 de la mañana cuando me encuentro dando botes dentro del coche camino de Áliva.

Esta pista está destrozada, menos mal que mis amigos de Arenas de Cabrales me han dejado un todoterreno para subir por aquí.

Esta vía tan larga es importante abordarla temprano, ya que al ser cara sur, el sol pronto hace presencia.

Francisco es un buen escalador. Practica bastante la escalada clásica en la zona centro de España, más concretamente en la Sierra de Gredos. Conoce bien las técnicas  y no le da miedo las dificultades Espolón.

Cuando llego ya está esperándome con todo preparado para aproximar a la pared.

“Las dimensiones de la montaña nos maravillan, desde el punto medio de las crestas finales podemos ver el Naranjo de Bulnes, el Torrecerredo, la Peña Santa… vemos parte del Valle de Las Moñetas y de la impresionante canal del vidrio. La cumbre nos recibe a media tarde. Estamos totalmente solos”

No nos conocemos, simplemente hemos hablado por correo electrónico. Él me ha dado sus referencias y yo las mías, pero nos saludamos como si nos conociéramos y ya tuviéramos confianza.

Durante la aproximación a la pared tenemos una animada charla en la qué abordamos temas de todo un poco.

Trabajo, vida personal, familia, y por supuesto Montaña y Escalada.

Francisco es un hombre corpulento, grandote, pero muy buen escalador. Los primeros largos hasta el dado los hacemos a muy buen ritmo y entendiéndonos perfectamente en la situación de guía e invitado.

Agradecemos las primeras horas en sombra, aunque pronto lorenzo nos va a castigar.

Me sorprende la buena técnica que tiene Francisco, resuelve los largos difíciles muy bien. Pasa el desplomito del primer gendarme sin problema, también resuelve muy bien el largo clave de placas y la bavaresa que da acceso a la reunión de la plataforma.

Aquí en la plataforma hacemos una pequeña parada para comer algo e hidratarnos bien.  Aquí el sol empieza a castigar con severidad.

Hago el último largo difícil disfrutándolo mucho. Es una placa preciosa, aunque un tanto comprometida por la escasez de seguros. Me recreo escalando despacio la zona de esquistos, la seguridad que siento en la adherencia de los pies es total, el disfrute de escalar es máximo.

Nos recreamos especialmente la travesía de los gendarmes, para mí uno de los pasajes más hermosos de todas las escaladas clásicas de los Picos de Europa.

Es un pasaje alpino, impresionante, con un patio sobrecogedor, con unas vistas increíbles del chalet real, al macizo oriental y de gran parte de la Cordillera Cantábrica. Es uno de esos pasajes que por si mismo ya son motivo para escalar una vía.

Una vez pasado este punto se acaban las dificultades, pero empieza lo realmente duro. De aquí a la cumbre de Peña Vieja nos quedan cerca de quinientos metros de desnivel entre canales, trepadas, crestas y destrepes.
En la primera gran canal noto que mí invitado va ya fastidiado así que adoptamos un ritmo muy cómodo y constante para ir dejando terreno atrás.
Agradecemos mucho las zonas sombreadas del final de la montaña amén de la brisa de ladera que sube de los valles.

Las dimensiones de la montaña nos maravillan, desde el punto medio de las crestas finales podemos ver el Naranjo de Bulnes, el Torrecerredo, la Peña Santa… vemos parte del Valle de Las Moñetas y de la impresionante canal del vidrio. La cumbre nos recibe a media tarde. Estamos totalmente solos.

Estamos satisfechos y muy contentos, sobre todo Paco, por haber cumplido su sueño de escalar el espolón de los franceses después de haberlo intentado alguna vez con amigos.

Yo personalmente me siento muy satisfecho por haber podido acompañar y ayudar a Francisco a recorrer este mundo inmenso y oculto, qué ofrece Peña Vieja a los románticos de las grandes escaladas clásicas. Desde la cumbre miro al Naranjo, mañana estaré en su cumbre acompañando a nuevos invitados. Furtivamente, observó la cara sur de Peña Santa, a la cual tendré que ir a finales de agosto.

Un poco cansados pero muy satisfechos iniciamos la bajada hacia el Hotel refugio de Aliva, dónde nos esperan los vehículos.

Durante la bajada, vamos ya pensando en descansar va pensando en descansar y en tomar una buena cena, para celebrar la enorme escalada al espolón sureste de Peña Vieja; el Espolón de los Franceses, un gran escalada clásica.

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