Torrecerredo.

Es la cita en la agenda para el día siguiente.

Ceno con Antonio en el refugio de Urriellu una magnífica crema de verduras y, pollo guisado en el segundo plato. Mantenemos una amena charla sobre montaña.

En la mesa de enfrente, aunque nadie le escucha, un personaje habla demasiado alto, vocea, adjetiva, impone frases con poca fortuna. Molesta tanto que decidimos seguir con la sobremesa fuera, sentados en un banco del refugio.

Sostenemos humeante una infusión a la que prudentes, damos los primeros sorbos.

¡Quema!

– ¿Antonio, como surge la idea de ascender al Torrecerredo?

-Mira Joaquín, siempre me ha gustado la montaña y de un tiempo a esta parte me he propuesto hacer las cimas más altas de España, pero dos se me han atravesado. La primera es en Baleares debido a una prohibición al ser la más alta reserva militar y, la segunda es esta, Torrecerredo, que su fama de técnica y difícil de encontrar siempre me ha dado respeto, aun siendo suculenta por puntuar doble.

Extrañado por la afirmación de “puntuar doble”, no dejo pasar la duda y formulo la pregunta:

– ¿Antonio disculpa, a qué te refieres con puntuar doble?

Pues doble es su ascensión para los coleccionistas de altitudes, ya que, al ser divisoria de provincias, se considera ahora la más alta de Asturias y también de Castilla-León.

Con la nueva información y la promesa de un buen madrugón nos vamos a dormir.

Son las cinco y media de la mañana cuando salgo del saco para desayunar y ya, a esas horas intempestivas, noto como golpea fuerte el calor. Esta semana ha sido dura a causa de las altas temperaturas y los neveros han sufrido un buen mordisco. Nosotros, los guías, también hemos sufrido un buen mordisco por el calor, y todos abrochamos un agujero menos del cinturón.

Salimos del refugio al amparo de nuestras linternas frontales. Adaptamos la intensidad de la marcha a las horas que nos quedan por delante y a las indicaciones del propio cuerpo, al que todo le parece durísimo en estos primeros momentos de esfuerzo, pero que a medida que avanzan los minutos, se suceden los pasos y se calientan los músculos, va enviando señales de bienestar.

En la “corona’l rasu” amanece y la visión del Picu, cual centinela de piedra, detiene nuestra marcha y activa en nosotros por unos instantes el estado de contemplación.

Colmados ya por la emoción de ver emerger el sol de entre el mar de nubes, seguimos ruta atravesando collados ventosos y pasos entre llambrias y neveros hasta que, al fin, tras tres horas de caminata, estamos bajo la mole de roca del Torrecerredo.

Desde lejos, sin conocerlo, el torreón final de roca, a modo de fortaleza medieval, impresiona por su carácter inexpugnable de altos muros verticales y tantos otros peligros que, al mezclarse con la imaginación procesada en las emociones, crea ese miedo irracional a lo desconocido que limita nuestras verdaderas capacidades.

Pero como toda torre o fortaleza, Torrecerredo tiene su punto débil. De derecha a izquierda ascendente, el torreón final tiene una vira escalonada producto de la erosión que, si bien no se aprecia desde la lejanía, se pone de manifiesto para ojos avezados a medida que avanzamos hasta los pies de las murallas, frente al medieval foso, para rendir el puente e iniciar el asalto a la fortaleza.

Es en este momento donde hacemos uso de la cuerda y el casco, elementos de seguridad imprescindibles para acometer la ascensión con todas las garantías. Fácil de explicar es el uso del casco ya no así el de la cuerda, pues en estos terrenos que no son exactamente escalada y al carecer la pared de seguros fijos, su uso se hace dudoso y complicado si no se posee de la formación específica, siendo en este caso la cuerda contraproducente y la ascensión desaconsejada. Por mi oficio, mi deber es tenerlo claro y garantizar la seguridad, y en efecto así es; Con dos mil horas de formación de guía, la cuerda tensa, un cordino, dos mosquetones y la siguiente fórmula retórica; tan lejos como sea necesario tan cerca como sea posible, queda esta, la seguridad, totalmente garantizada.

Empezamos las trepadas a la derecha de la canal de deyección, por la que en días de tormenta bajan torrentes de agua y piedras y en invierno/primavera, se forma un impresionante trampolín de nieve y hielo.

La trepada aquí abajo es magnífica debido a las grandes y sólidas presas que ofrece la roca para agarrarse y, además, complementando, el tacto como la lija, rasca las manos y adhiere al terreno las suelas de las botas, haciendo de la trepada un placer al sentir una muy agradable sensación de tranquilidad.

Son las nueve y media de la mañana y así, con tan buenas sensaciones, trepamos montaña arriba completamente solos en la inmensidad del corazón de los Picos de Europa. Solo una tacha ponemos a nuestra ascensión, incluso de vez en cuando dejamos escapar algún quejido resignado.

Desde la madrugada una presencia etérea nos persigue a todas partes, no hay lugar donde esconderse y objetivamente supone para la buena marcha de nuestra humana fisiología, una amenaza que te golpea poco a poco, silente y aguda. Que te agota y que te ahoga, que te golpea violenta.

Es el calor, la humedad y el calor. Esta semana estamos en alerta por ola de calor, y hasta aquí arriba, inmisericorde, llegan los efectos del viento sahariano y la humedad del atlántico sur. Son las diez menos cuarto de la mañana y el ambiente es de medio día.

Nosotros seguimos avanzando, disfrutando cada metro recorrido y sabiendo que la cumbre ya está cerca.

A esta llegamos a las diez menos cinco minutos de la mañana. Un buen apretón de manos y sonrisa de felicidad, ponen de manifiesto la alegría que siente Antonio por haber coronado esta cumbre soñada años atrás y a en la que, por fin, ha dado cumplimiento a sus ilusiones.

Las vistas de las que disfrutamos son sobrecogedoras.

Todo lo que alcanzamos a ver es un inmenso mar, o en esta ocasión, un océano de nubes que cubre toda la costa atlántica. Solo los picos mas altos, los que proyectan sus cumbres por encima de los dos mil metros, son capaces de emerger de este mayestático fenómeno atmosférico.

Fotos y adjetivos son nuestra compañía en esta cumbre, la más alta, por cierto, de Asturias y Castilla- León.

 

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