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Invernal al Espolón de los Franceses

Es primeros de diciembre y me encuentro en mi casa por fin disfrutando de las primeras semanas de ocio tras la larga temporada de trabajo en la montaña. Disfruto de la escalada deportiva y de largas caminatas evadiendome en los maravillosos días del otoño. La temporada ha sido muy buena. He escalado por trabajo el Naranjo de Bulnes 54 veces, he hecho un montón de crestas, he subido a Torrecerredo también otro montón de veces, la cara sur de Peña Santa, el  Espolón de los Franceses… vamos que he pasado el verano en las alturas disfrutando grandes momentos con con mis invitados.

Una de esos días de evasión total subo a la Morra de Lechugales y veo Peña Vieja. Hay nieve en la cara norte pero no mucha y las vertientes sur están totalmente limpias y secas. Inmediatamente escribo a mi amigo Ruben tipo telegrama.

-Espolón de los Franceses buenas condiciones. Martes buen tiempo ¿Puedes?-

Ya me he puesto nervioso, espero que me diga que si, me han entrado unas ganas locas de subirme por ahí. Estoy en la

cumbre de la Morra de Lechugales y no me quiero ir para no perder la cobertura. Mientras bajo al poco tiempo suena una notificación de mensaje, espero que sea él…

-Ok Martes atacamos.

Me pongo loco de contento. Una buena escalada ya ha empezado emocionalmente aunque aún faltan dos días para que se haga realidad.

 

La verdad es que no madrugamos. Salimos de mi casa en Arenas de Cabrales a las 6:30 a.m. Media hora de coche y dos de caminata nos depositan a pie de vía a las 9 a.m justo para recibir los primeros rayos del sol.

El día está impresionante, ni una nube. Hace frio a primera hora aun así escalamos rapido, muy rapido. Encabezo yo los largos porque conozco la vía perfectamente y mi compañero Rubén vuela de segundo de cordada. El es un escalador muy capaz, es delgado y fibroso, se mueve como un gato por estos terrenos, todo le parece fácil.

Los largos de cuerda se suceden a toda velocidad. Reconozco perfectamente los pasajes que todos los veranos por motivo de trabajo recorro varias veces con mis invitados. Se donde están todos los cantos, todas las clavijas, todas las fisuras, donde montar cada punto de reunión… solamente me inquieta una cosa.

-como estará la travesía de los gendarmes y la salida- sin querer pienso en ello mientras escalo.

Ya tuve un percance una vez allí arriba. Un 14 de enero de cuyo año no quiero acordarme encontré esta zona fatal, así y todo pudimos pasar pero a fuerza de invertir mucho tiempo y esfuerzo. Después la salida norte a la cumbre estaba para matarse. El desenlace fue un vivac sin saco y un “vergonzoso” rescate en helicóptero, pero esa es otra historia.

Llegamos a la travesía de los gendarmes y está completamente limpia ¡aleluya! Aquí cambiamos los pies de gato por las botas duras, a partir de este resalte empezará la nieve.

La primera canal está en unas condiciones penosas. La nieve está exasperantemente transformada y no vamos hundiendo a veces hasta la cintura. Esperemos que en la vertiente norte mejore.

En la vertiente norte igual. La nieve está exasperantemente poco transformada. Está como el azúcar, los piolets no trabajan sobre ella así que se impone el gancheo sobre roca. Hay que decir que cuando se coje el tranquillo a esta tecnica es muy divertida. En la salida coincidimos con mis compañeros de profesión y amigos Fernando Calvo y Martín. Al igual que nosotros vieron la buena previsión y salieron al monte a escalar. Hicieron otro de los espolones de Peña Vieja.

En las crestas cimeras nos recreamos. Disfrutamos inmensamente del ambiente frío y de las últimas luces del día. Vamos despacio, disfrutando, asegurando, no tenemos prisa ahora que nos sabemos ya vencedores de esta salvaje vertiente. Para mi es un momento muy emocionante recorrer los últimos cientos de metros y quitarme la espina que hace años el duro vivac y el rescate me dejaran clavada.

También es una inmenso placer recorrer estos metros con Ruben, mi gran amigo de la vida y de la montaña. Más de una década dura nuestra amistad forjada al fuego de compartir miserias por falta de recursos económicos en la primera juventud y de vivir grandes momentos en nuestras vidas verticales.

La cumbre nos recibe serena y solitaria. Hace un rato que Fernando y Martín se han ido. Saboreamos este momento como se saborea una buena novela en la más absoluta de las intimidades. Sentimos un bienestar físico y emocional inmenso que no tengo la capacidad de expresar con palabras.

Hoy hemos hecho una escalada importante, lo sabemos, y sabemos que hemos estado siempre cómodamente por encima del nivel de exigencia. Lo tomaremos de referente a la hora de plantear nuevos retos.

Ahora nos queda una larga bajada hasta el coche que afrontamos con mucho humor. A las 23 horas estamos cenando en mi casa de Arenas de Cabrales tomando unas botellas de vino y muriendonos de risa con nuestro autóctono amigo Ruben Carbajal.

Ha sido una jornada memorable.

Volveremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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