Les Cabres al Segundo Poyón

Por 11 julio, 2020Escalada, guiadas, picos de europa

La vía de Les Cabres al Segundo Poyón, es una joya de roca magnífica y ambiente de alta montaña.

Fue abierta casi por casualidad por el alpinista Anselmo Menéndez “el cubano”, pionero de la escalada en roca y hielo en los Picos de Europa, así como del esquí de montaña.

Así nos cuenta el mismo Anselmo los motivos de la apertura:

“Remis, el pastor de Vegarredonda, acusado de vértigos, despeñado por un macho cabrío, me pidió ayuda para desenriscar “les cabres” de una huerta en los Poyones. Gran persona era Remis y no dudamos un instante en ayudarle. Iniciamos una trepada utilizando el material de escalada, y al llegar donde estaba el ganado, este salió del lío por su propio pie ante el asombro de su amo y claro está, el nuestro. Al no hacer falta ya nuestra ayuda y viéndonos con material en una pared virgen, seguimos escalando”.

Y así, de esta forma casi fortuita, se abrió esta gran línea en octubre de 1977.

Les Cabres al Segundo Poyón es una vía que se repite poco. Sufre la soledad, al estar en una zona discreta de los Picos de Europa, ya que los focos se ciernen siempre sobre Urriellu. Aun así, de vez en cuando, cordadas intrépidas, con ganas de aventura y soledad, se introducen en esta línea audaz con sabor a montaña clásica.

Esta línea puede compararse a otra pionera de la acrobacia abierta en 1974, que es “Martínez- Somohano”, en la cara este de El Picu.


El gran salto evolutivo llegará definitivamente en 1978 con la apertura de la “murciana 78” en la cara oeste del Naranjo. Ópera prima de los hermanos gallego.


Les Cabres al Segundo Poyón, es una escalada que por la naturaleza de su roca es difícil de proteger. Los clavos no entran, y no hay ninguna expansión en toda la línea. En los trescientos metros de recorrido, no se ven más de tres cordinos y unos pocos clavos viejos en el largo clave.

Hay dos formas de entrar: la primera es siguiendo la línea original, que recorre un canalizo un tanto herboso de dificultad asequible. La escalada toma tendencia a la izquierda. La línea original hasta llegar al largo clave, sigue como manda la lógica la línea más asequible, más fracturada, donde poder clavar o atascar empotradores. Resultando por ello un trazado sinuoso, que obliga a hacer tiradas cortas debido al rozamiento de las cuerdas.

Para esta escalada elegimos un croquis de Miguel Rodríguez, gran escalador local que fallecería en accidente de bicicleta. Miguel, nos propone una entrada más directa y vertical, una variante de dos largos que conecta de forma directa las placas iniciales con el largo clave bajo el techo, ofreciendo así una línea continua, más expuesta y vertical.

Empezamos la escalada a la izquierda de una repisa herbosa, por unos canalizos de gran roca y escasa dificultad. Metro a metro van adquiriendo verticalidad hasta alcanzar el Vº. Tras sesenta metros articulo una reunión en una plataforma inclinada.

El segundo largo ataca de frente una placa de adherencia primero, y unos canalizos profundos después, para tras estos, irse a la izquierda a buscar una especie de canal que nos deposita bajo el gran techo en una repisa cómoda.

Sabemos que la reunión original está bajo el techo, pero en esta repisa encontramos muy buenas posibilidades de protección, además de una plataforma estupenda en la que descansar los pies.

Tras la repisa, ahora si en la línea original, escalo por unas grandes lajas en dirección al techo. Disfruto mucho de la buena roca y aprovecho las grietas para instalar piezas de protección. Encuentro un primer clavo que obedece a la reunión. Le paso una cinta, la cuerda, y sigo escalando bajo el techo, poniendo los pies por una placa que demanda un cierto talento para no resbalar. Bajo el techo, encuentro presas satisfactorias para las manos, aunque no son asas. Me parece escalar en una dificultad cercana al sexto grado. 

Tras el techo, la escalada se vuelve más aérea y expuesta. Hay que asomarse al vacío, poner manos y pies en unas presas extrañas, y confiar el equilibrio a la adherencia de los pies. Por suerte, la roca es de buena calidad.

Llego a la última clavija y aquí parece estar el paso clave. Extraploma un poco y la pared se vuelve lisa. Solo una presa invertida y una grieta bastante alta deberán ser suficientes para superar este escollo que ahora sí, es sexto grado por entero.

Lo más difícil sin duda es atreverse, ya que la exposición es bastante alta.

De mala manera consigo poner una protección en la grieta. No es buena, lo sé, no he podido ponerla mejor, apenas si llego. Tengo miedo a dar el paso, pero consigo con la mala pieza que las cuerdas no tiren de mi hacia abajo, incomodando el movimiento dinámico que habré de hacer. No hay marcha atrás. Así que estudio bien las posibilidades. Como en una partida de ajedrez planeo dos jugadas por delante. Las casillas son los sitios donde pondré los pies, ellos deben proporcionarme el equilibrio necesario para mantenerme en la vertical.

Una, dos, allá voy…

Consigo acoplar mi mano derecha en una mala presa resbalosa para así subir el pie izquierdo. Ahora la mano izquierda se introduce en la grieta, practicando un cerrojo que quisiera más sólido, empero, no consigo atascarme de mejor manera. Superándome de este, ahora sí, mi mano derecha agarra un pico que hace producir a mi cerebro la tan grata señal para que baje la ansiedad.

¡Ya está!

 

Solo queda subir los pies y una corta travesía para llegar a la reunión de los puentes de roca. Estoy contento, ha sido un largo emocionante.

Para salir a la cumbre elijo una línea más a la derecha de la original porque somos tres, y quiero que las reuniones sean sólidas y cómodas. Quizá hayamos abierto una variante de salida. Pues bien. Siendo esto lo de menos, si es verdad que los dos largos que escalamos a la derecha son magníficos, de roca inmejorable y en torno al V+. Otra posibilidad.

Para rematar la escalada, seguimos la actividad por la cresta hasta la torre del tercer Poyón, lo que nos deja ya suaves y con ganas de meter los pies en la fuente.

Sin duda esta vía, “Les Cabres” al Segundo Poyón, ha sido una buena actividad de escalada de montaña, la que recomiendo a escaladores con experiencia y ganas de marcha.

Una joya, otra más, de las buenas paredes de los Picos de Europa.


 

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