Sur de PeñaSanta la montaña lejana

Sur de PeñaSanta La montaña lejana. Estas palabras rondan mi cabeza.

Tertulia de guías y montañeros en el banco de un refugio. La conversación previsible; paredes, escaladas, acercamientos…

-He estado en los Alpes, aquello es superior, que bosques- dice alguien de repente.

-A mi lo que más me ha impresionado han sido los acercamientos- dice otro.

-Pues yo he hecho tal actividad en pirineos y me ha parecido buenísima-

De repente alguien no está de acuerdo en algo, se genera una discusión y me levanto.

Salgo a la intemperie y veo esconderse entre las nubes los últimos rayos de luz. Me siento a observar como se extinguen las ultimas horas del día.

La oscuridad ha agudizado el frió, escusa perfecta para irme a meter en el saco y descansar el cuerpo de los últimos días de trabajo en la cara sur de Peña Santa.

Apago la linterna y me dejo envolver por el confort de mi saco de plumas. A oscuras, aún con los ojos abiertos, recuerdo fragmentos de la conversación anterior: Paredes, aproximaciones y bosques…  Paredes, aproximaciones y bosques. Precisamente esos escenarios han sido los protagonistas de mis últimos días de trabajo en la montaña.

Es principio de Agosto, en la agenda hay redactada una cita (dia 5-6 peña santa sur santiago-manuel, soto de sajambre 16:30).

Son las 16:37 del 5 de agosto, llego un poco tarde. En el aparcamiento de Soto de Sajambre hay dos señores haciendo la mochila al lado del coche.

Aparco a la sombra de un fresno y bajo del coche.

-hola ¿santiago?-

-si ¿Joaquín?-

La ascensión ha comenzado.

Iniciamos la ascension a Vegabaño primero y a vega huerta después. Con mucha calma, aun hace calor y lo que menos nos interesa es tener problemas musculares por culpa de la deshidratación.

Los paisajes que atravesamos son la viva interpretación de un cuento. Los arboles, de un verde intenso y copa frondosa, impiden que nada crezca a sus pies, haciendo el interior del bosque transitable.

Pasamos veloces por vegabaño dejando a nuestra derecha el refugio.

Al cruzar el reguero un gran caballo pardo piafa a su yeguada y esta se escapa atravesando el rió al galope.

A partir de aquí seguiremos una senda con muchos hitos mientras avanzamos adentrándonos en la segunda parte de bosque, una masa de arboles aun más frondosa que la anterior. Un puente cruza un riachuelo y llegamos al Roblón, inmenso roble solitario en medio de un bosque de hayas.

Salimos del bosque y casi vamos pisando la niebla con nuestros pasos. Las ultimas luces del día y el mar de nubes, se alían para ofrecernos una visión impresionante, una experienza emocionante.

Saboreamos en el rostro los cálidos, últimos e intensos rayos del sol. Vivimos esta experiencia en silencio, ensimismados, escuchando solamente el sonido del diafragma de la cámara de fotos y los latidos de nuestro intranquilo corazón. Los fantasmas de la noche nos acechan, nos aferramos a la luz que se va, tendremos que caminar el ultimo tercio con ayuda de la linterna frontal.

Nos despertamos con las primeras luces del alba en una mañana serena y clara. La pared aun no ve bien.

Vamos desayunando tranquilamente, tenemos la montaña para nosotros solos. Hasta pie de pared hay un agradable paseo de 30 minutos. Salimos, voy caminando en silencio observando la pared, descubriendo sus relieves, sus puntos débiles, estudiando la vía por la que tendremos que escalar Santiago y Manuel mis invitados, y yo.

La vía elegida empieza en un sencillo zócalo y después sigue un diedro mas vertical y unos profundos canalizos.

La roca es magnifica, con relieve a placer y muy adherente, el sueño de un escalador.

A la vez que escalamos descubrimos cumbres y canales. El Friero, Asotin, Moeño, Cabrones, Torrecerredo… hasta creemos ver el refugio Collado Jermoso. El ritmo de escalada es bueno y pronto estamos en el nevero central. Comemos y bebemos bien ya que hasta aquí hemos ascendido un desnivel de unos 300 metros.

Caminamos atados en corto hacia la segunda parte de la pared. Es inconfundible. La cueva, la rampa de canalizos, el simpático largo de salida… la sur de Sur de PeñaSanta la montaña lejana es un pedazo de historia, una gran clásica de montaña, una joya para coleccionistas, un deleite para corazones exquisitos. Abordamos la rampa de canalizos con calor y eso nos ralentiza un poco. Hay que beber y evitar problemas.

Los largos de los canalizos son alucinantes, la roca es fantástica, pero el grado que marca el crokis me parece un poco bajo.

Pone III+ pero a ratos me parece IV+, hay zonas verticales y hay que prestar cuidado en escoger con acierto el itinerario a seguir.

Saboreo especialmente el ultimo largo. Su roca es maravillosa, es vertical y conduce casi a la misma cumbre de Peña Santa.

La cumbre nos recibe en total soledad, con viento frío y mar de nubes en la vertiente asturiana. Santiago y Manuel se abrazan, hace muchos años que sueñan con escalar la cara sur de Peña Santa y por fin lo han conseguido, son amigos desde muy jovenes y han escalado mucho juntos.

Entre nosotros un fuerte apretón de manos y una sincera mirada de enhorabuena lo dicen todo.

Desde la cumbre vemos Soto de Sajambre y Vegabaño, vemos también parte del largo camino que nos queda por recorrer para volver a llegar al pueblo. La ascensión está realizada pero ahora nos queda la otra mitad, tan larga como la primera, tan dura. Queda el largo descenso.

La canal estrecha, la forcadona, vega huerta… el descenso se nos hace eterno, esta montaña es enorme. Descansamos un rato en vega huerta antes de empezar el descenso de verdad hasta Soto de Sajambre.

Veo en mis invitados caras de felicidad contenida, están muy contentos de haber realizado su sueño pero saben que esto no ha acabado ni mucho menos.

La bajada a Soto es larga, la noche está cerca y la niebla está subiendo preocupantemente.

Nos ponemos en camino dejando nuestra montaña atrás, el ritmo es lento a causa del cansancio acumulado. Ensimismado cada uno en sus sufrimientos volvemos a experimentar la agridulce sensación del ocaso.

Saboreamos en el rostro los cálidos, últimos e intensos rayos del sol. Vivimos esta experiencia en silencio, ensimismados, escuchando solamente el sonido del diafragma de la cámara de fotos y los latidos de nuestro intranquilo corazón. Los fantasmas de la noche nos acechan, nos aferramos a la luz que se va, tendremos que caminar el ultimo tercio con ayuda de la linterna frontal y ademas en mi caso, mantener una enorme concentración para no despistarnos de noche en la niebla.

La luz se difumina entre la gotas de humedad y en ocasiones no encontramos los hitos obligándonos a coger referencias a nuestra espalda.

La conclusión es que la pared sur de Peña Santa es una de las actividades más autenticas que se pueden hacer en los Picos de Europa. La roca es excelente, la dificultad moderada y el entorno es un constante oleo sacado de un cuento de hadas.

Espero que el oficio me traiga pronto de vuelta a estos parajes tan salvajes de mis montañas.

A la Sur de PeñaSanta la montaña lejana.

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